Sra María Guadalupe González

Por Luz Atilano

La señora María Guadalupe González tiene casi 49 años y se dedica a vender gorditas y quesadillas en un local cercano a la Preparatoria Regional y al Centro Universitario de los Lagos, oficio que aunque en escala menor adquirió desde hace mucho tiempo, vendiendo dulces y duros preparados afuera de su casa, extendió después al entrar de lleno en el comercio de comida y cena. Como ocurre en muchos casos, motivada por la necesidad.

Y es que comparte que hace alrededor de seis años, por varias circunstancias y problemas sobre todo económicos en su familia, inició su actual negocio, motivada por uno de sus hijos, quien a fin de que la situación mejorara y pudieran salir adelante, le propuso ofrecer al público su experiencia en la cocina.

“Tenemos ya cerca de seis años vendiendo. Nos empezamos a dedicar porque pues la economía no alcanzó y había que buscarle el modo de un poquito solventar los gastos porque mis hijos todos estaban estudiando, entonces tenía que ayudar un poco porque se puso muy escaso el trabajo para mi esposo. Entonces es el modo que hayas a veces de salir adelante para lo que tú ocupas. ‘Nomás mientras salimos, mamá…’ pues sí de deudas, porque te endeudas para una cosa y para otra y luego que ‘Ay, no… ya no tienes trabajo, pues pídele prestado a fulanita, después se lo pagamos’… y vas en piquitos, piquitos, piquitos y te vas haciendo a veces de deudas que de piquito en piquito se hace una deuda grande. Entonces ya nosotros, él (mi hijo) dijo, ‘no mamá, ¿sabes qué?, hasta aquí. Hay que trabajarle así y pues si podemos qué bueno y si no pues ni modo’. Y te digo, bendito sea Dios que ya tenemos aquí ya seis años”.

En este trabajo no se gana en grandes cantidades, comparte la señora Guadalupe. Sin embargo, es lo suficiente para apoyar a los ingresos de su familia, para vivir medianamente bien, más desahogados… Y también por ello es enteramente un negocio familiar en el que participan además de ella, sus hijos y su esposo, un  trabajo en equipo.

“Trabajamos pura familia, no tengo empleados, no tengo nada. Es mi hijo, mi esposo, mi hija, mi otro hijo… o sea, todos trabajamos en el mismo negocio, se puedes decir. Entonces, es por lo que empezamos nosotros porque te digo la economía se nos vino muy mal y de alguna manera tenías que sobresalir y esta es la forma en la que le hallamos y pues aquí estamos todavía, dijimos que por tres años y ya vamos para seis…”

Ofrece principalmente gorditas y quesadillas cocinadas en aceite, con guisos como carne de puerco en salsa verde, chicharrón en salsa roja, chile con huevo, chilaquiles, papas, bistec y chorizo, nopales, frijoles y rajas.

La señora también comenta que la intención de su negocio, además de ayudarse económicamente, ha sido la de ofrecer un buen servicio a costos accesibles, pues reconoce que gran parte de sus clientes son estudiantes y que no todos y no siempre tienen la posibilidad de solventar este tipo de gastos.

Principal motivo por el que al paso de los años se ha ido aclientando y a pesar de contar con poco tiempo en comparación con otros locales de la zona, señala que ya ha visto a varias generaciones salir, quienes también regresan a consumir después aunque ya no estén estudiando.

“Mi hijo, él siempre dijo ‘mamá, vamos a vender para los estudiantes, barato porque hay muchas veces que no traemos’. A él le pasó, por lo mismo de que él estaba estudiando y pues ‘hijo, te toca pues nomás tanto y pues a ver si ajustas’ y pues ‘mamá pues no…’ porque a veces se quedan sin comer por lo mismo de que tienen que comprar copias o algo fuera de lo que es tu salón de clases, se puede decir…”

Vuelven a disfrutar de su sazón a comer, como ella misma señala, “barato, calientito y del día”, porque eso sí, nada de lo que prepara y pudiera quedarse se pone en venta al día siguiente. La señora Guadalupe cuenta que en este tiempo ha logrado disfrutar su oficio, le gusta y repite siempre que hay que hacer las cosas con gusto, dedicarse para obtener los mejores resultados.

Aunque algunas cosas debe prevenirlas desde un día antes, su rutina comienza a  las 5:30 de la mañana, cuando se traslada a su local y comienza a preparar todos los guisos para que a partir de las 8 comiencen las ventas, almuerzo y comida, hasta las alrededor de las 3:30 de la tarde. Pero el trabajo que emprenden ella y su familia no termina allí, pues también se dedican a la venta de cena en el mismo lugar a partir de las 7 de la noche, momento en el que dan un giro a su especialidad, pues por la noche se venden tacos, tortas, chilacas y quesadillas sin freír.

 

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