Don Lupe Ortiz y Lucía Varela

Por Luz Atilano

Un platillo tan característico de la ciudad de Guadalajara como son las tortas ahogadas, es difícil de replicar en su forma original en otros sitios de la República e incluso de Jalisco, pues el bolillo… o mejor dicho, virote, no es el mismo y éste sólo se elabora en la capital del estado.

Ese es el fuerte del negocio de los esposos Guadalupe Ortiz (o don Lupe) y Lucía Varela Valadez, quienes desde hace poco más de catorce años se dedican a vender tortas ahogadas al propio estilo tapatío por calle Zafiro en la colonia Colinas de San Javier. Las únicas que en Lagos se sirven con el virote tradicional.

Don Lupe, quien también da el nombre a su establecimiento, comparte cómo es que luego de vivir más de 30 años en Guadalajara, volvió a Lagos con su familia y tras retirarse de su oficio de toda la vida iniciaron este negocio:

«La decisicion de las tortas ahogadas fue… es que yo, toda mi vida fue la carpintería… entonces ya en el 2002 ya me sentía yo cansando, antes del 2002 ya me sentía yo cansado con la carpintería y ya pensé en vender algo. Pensamos en vender tacos, pero como Lagos ya estaba lleno de tacos, como está ahorita… y decidimos vender, probar la venta con las tortas ahogadas con el virote original de Guadalajara, el tradicional, el virote salado… y hasta la fecha. Le hemos batallado, porque aquí hay muy poca gente que las busca, mucha gente es de Guadalajara o de fuera y ya saben que aquí es casi casi la original. Estudiantes, aquí hay muchas personas trabajando (de Guadalajara), vienen y se comen su torta ahogada y hasta dicen “ay ya no vamos a extrañar las tortas ahogadas, don Lupe, ya las tenemos aquí”».

El matrimonio Ortiz Varela define esta labor como un negocio familiar. Y esto también debido a que todo el trabajo es compartido no sólo entre ambos, sino además con sus hijas, que colaboran ya sea de cerca o de lejos.

Además, como todo oficio, la venta de tortas ahogadas requiere de trabajo previo desde antes a cada día. Así lo refieren la señora Lucía Varela y su hija mayor:

«Mi esposo prepara la salsa de jitomate, yo la de chile y las carnitas… hago las tortas y me ayudan mis hijas, así nos repartimos el trabajo».

«Desde un día antes empiezan ellos a preparar las cosas. Vamos a comprar, que todo sea de lo mejor y ya al día siguiente a las seis de la mañana ellos ya están levantados para empezar a preparar las salsas, la carne y pues desde las seis de la mañana empiezan ellos».

Las tareas se dividen entre la familia desde la preparación de la salsa y las carnitas, hasta la encomienda de traer cada ocho días el virote desde las tierras tapatías.

«La traída, nosotros aquí, la ventaja es que toda la familia nos apoya. Ella (su hija), por ejemplo, mañana se va a Guadalajara y aprovechamos para que se traiga el virote. Regresa el sábado y ya trae el virote para domingo y martes. Hay otras tres hijas allá y cuando viene una de ellas o los nietos, sus hijos de ellas, también aprovechamos que nos traigan el virote, porque ir uno exclusivamente a traerlo, sale caro. Y aquí ha habido mucha competencia, nada más que no han durado. Había tres o cuatro por ahí y ahorita (aparte) nada más las que quedan son las de Ley pero con bolillo (del otro), el virote original es este y nada más es aquí donde lo encuentran».

Las tortas ahogadas de don Lupe abren sólo dos días por semana: los martes de 8:30 de la mañana a 4 de la tarde, y los domingos de las 8:30 a las 3.

Se trata de un negocio prácticamente único en su tipo y preferido por sus clientes gracias a su sabor idéntico al original y al trato que se ofrece.

Los esposos comparten que sus ventas se extienden no sólo hacia laguenses y tapatíos radicados en este municipio, sino incluso a una gran cantidad de personas que llegan de otros estados y deciden probar el platillo. Muchos de ellos, regresan luego.

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