Sr Roberto Gómez atendiendo a niño

Por Luz Atilano

El señor Roberto Gómez Ortiz recorre a diario, con su carrito de paletas heladas, las calles de Lagos de Moreno, producto que lleva a grandes y a pequeños sobre todo en las plazas y afuera de las escuelas.

A sus 58 años de edad, este es el empleo que los ayuda a él y a su esposa a vivir el día a día. Y es que pese a que a lo largo de su vida ejerció diferentes oficios, por su edad el actual es prácticamente su única alternativa:

«Me dedico al comercio… yo trabajaba en la obra o en lo que pudiera pero ya no me dan trabajo… entonces es el único trabajo que tengo ahorita. Ya no se mantiene uno, nomás que no tiene uno otra alternativa, tiene uno que trabajar en lo que sea pero hay que trabajar y ahorita es la única fuente de empleo que tengo».

Sr Roberto Gómez Ortíz, paletero

No obstante, el oficio de comerciante no es algo nuevo para él. El señor Roberto cuenta que aunque después decidió buscar otras oportunidades, desde muy joven apoyó a su padre en su frutería.

«Desde chico, de 12 años, 14… Mi papá también fue agricultor aquí en el llano de Miranda, se llevaba a uno de mis hermanos al rancho para cultivar la tierra y yo siempre me dediqué a ayudarle al comercio, (soy) comerciante desde chico, nomás que como le digo me aburrí de ese trabajo y me metí a trabajar a la Danesa, ahí duré 8, 9 años…».

Vendiendo paletas heladas lleva cerca de veinte años y comparte, como en todo comercio, a veces le va bien y otras veces no tanto, depende de la venta de cada día. Pero aun así, acostumbrado desde pequeño a trabajar, continúa al pie del cañón, batallando aquí y allá pero sin parar y señala, así lo hará hasta que el cuerpo se lo permita:

«Tiene que patalearle hasta que pueda uno, ya el día que no pueda uno pues a extender la manita… No y a mí me duelen mucho los pies, ya no aguanto mucho, yo ahorita a las 4 o 5 de la tarde ya entrego yo porque no aguanto más… y otro día me vengo a las 8 u 8 y media y pues ahí se la lleva uno días bien y días mal… es que aquí el comercio es bueno y malo, el día que le va a uno bien pues come uno bien y el día que no pues no… y luego los gastos que vienen ahorita del agua y el predial, pues no hay otra más que trabajar, echarle ganas a la vida pues ¿qué hace uno?, hay que comer».

El señor Roberto Gómez Ortiz también labora en San Juan de los Lagos, donde comparte que le va un poco mejor debido a la afluencia de personas. Incluso, próximo el paso de peregrinos a dicho municipio, espera que con las ventas su situación económica mejore un poco.

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