Cerro de la bola, vista desde el Valle de la campana en Lagos de Moreno

Por Tatiana Sánchez

Cuenta la leyenda que en el último tercio del siglo XIX, luego de que el país pasara por varias guerras y enfrentamientos entre liberales y conservadores, en la zona de Los Altos de Jalisco comenzaron a surgir bandidos y salteadores de caminos quienes repartían su dinero entre los pobres.

Tal fue el caso de Bartolo Prieto, bandido legendario de quien se desprende la leyenda de La cueva del todo o nada, lugar en donde según relataban los padres y abuelos, el bandido guardaba su tesoro, como comparte Ezequiel Hernández Lugo, cronista colegiado de Lagos de Moreno:

Al cerro de La Bola lo han ligado mucho con la presencia de Bartolo Prieto, a tal grado de Bartolo Prieto para la gente ya se ha convertido en una leyenda. Lo mismo, su madriguera el cerro de La Bola y todos esos rumbos, la cueva de Bartolo Prieto famosa. […] Él se trepaba hasta donde están los terrenos del Centro Universitario y desde allí vigilaba el Camino Real que venía desde Zacatecas y el Camino Real que venía de León, veía que venían transeúntes y se bajaba y asaltaba, corría y se escondía, (ese) era su punto de vigía”.

Cerro de la bola, la guarida de un bandido

Como toda leyenda, al trascurrir los años esta ha venido ha presentado algunos cambios en cuanto a las hazañas del temido bandido, a quienes muchos conocen como al Robin Hood laguense, ese que a pesar de robar, compensaba sus pecados repartiendo el dinero entre los pobres.

Ezequiel Hernández afirma que aunque en la actualidad a este bandido se le conoce por leyenda de La cueva del todo o nada, fue inspirada por personaje real que vivió en el último tercio del XIX:

“Pero Bartolo Prieto vivió como nos estamos viendo y platicando nosotros, fue un hombre de carne y hueso, le tocó vivir una época en la que abundaban los asaltantes en diversos puntos de la República, porque cuando Benito Juárez llegó al poder, el país había pasado por muchos altibajos tremendos… El caso es de que México estaba pobre cuando Benito Juárez llega al poder, de 10 mil soldados que era el contingente se quedó con la mitad, la otra mitad (les dijo) ‘váyanse a sus casas’, los mandó a su casa, la gente que no estaba acostumbrada al labrar la tierra, a cuidar animales, (estaban) acostumbrados únicamente al manejo del caballo y de las armas y pues muchos de ellos se convierten en salteadores y aquí en la región hubo casos muy sonados”.

Hernández Lugo también relata que estos cerros fueron elegidos por el bandido debido a su ubicación estratégica en el municipio, pues al ser perseguido el asaltante podía descender de ellos rumbo distintas direcciones.

Como  lo dice el cronista y los abuelos y padres que disfrutaban de contar historias, la cueva del todo o nada se abre cuando el diablo anda suelto, ya sea en semana santa o el 24 de agosto, día de San Bartolo:

“Sobre todo, no tanto en día de San Bartolo, bueno ese día, pero sobre todo en los días de semana santa, cuando las primeras luces aparecen allá por el oriente y los primeros rayos pasan entre las torres de la parroquia y van a dar al cerro, entonces se abre la cueva y te metes y hay todo (pero) si no sacas todo, te quedas adentro. Así funciona la cueva de todo o nada”.

Sea cual sea la fecha en que esta cueva se abra, los abuelos cuentan que, han habido  valientes que osan entrar en ella con la intención de volverse ricos, pero como lo relata la maldición impuesta por Bartolo Prieto, al no poder extraer todo el dinero se quedan en las entrañas de la misma.

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