Concluimos la historia de “…y no se lo tragó la tierra” de Tomás Rivera. Nuestro joven protagonista observa y nos cuenta como los vecinos de su comunidad son engañados por vendedores de ilusiones. Varias familias de la comunidad reciben noticias de sus hijos “perdidos en acción” durante la guerra. Sé testigo de cómo ese sentimiento de pérdida de las familias encuentra refugio en el recuerdo. Para reavivar la memoria de sus seres queridos, los padres están dispuestos a pagar lo que cueste un retrato que logre reanimar la imagen del hijo ausente. Y de este sentimiento se aprovechan los pillos parlanchines que vienen de San Antonio a lucrar con las familias de campesinos. Al darse cuenta del engaño, Don Mateo se rebela y no para hasta dar con el astuto vendedor para hacerle pagar por su fraude. Experimenta la fuerza espiritual de esta comunidad y la percepción de justicia del pueblo desde la mirada de un joven adolescente. 

 

En cabina nos acompañan Margarita y Tere Chávez.