La huella que dejó Gabriel García Márquez en muchos de sus lectores no sólo fue en el plano de la lectura, sino en la misma vida cotidiana, pues sus historias -aunque se desarrollaron en diversos pueblos como Macondo- pueden ser encontradas en cada rincón de América Latina, ya sea en una gran ciudad, como lo puede ser Guadalajara, o en pequemos municipios alejados de las urbes, consideró el escritor sinaloense, Élmer Mendoza, durante su participación en la conferencia titulada Querido Gabo: Una vida, un legado, también conocido como “El Gabotour”, organizada por la Secretaría de Cultura de Jalisco y por el Grupo Editorial Planeta.
Otro aspecto relevante de “el Gabo” era el modo en el que presentaba las historias pues, de forma amplia, usó el recurso de la oralidad plasmada en sus textos.
“Yo creo que el cuento, la narrativa tan extensa, tan intensa de García Márquez no puede tener que ver con otra cosa que no sea la oralidad, y ustedes puede relacionarlo, porque seguramente tienen papás o abuelos que tienen amigos mayores que son muy buenos para contar, son muy buenos para contar y esos amigos son los que dan como ese tono que ustedes pueden encontrar en las novelas de García Márquez y que uno dice: ‘no pues que largo'”, afirmó Mendoza.
“El Gobotour” se realizó en la capital del país y en la ciudad de Monterrey antes de llegar a Guadalajara, en particular a la Plaza de la Liberación, en donde junto con Mendoza estuvieron lost también escritores Xavier Velasco y Benito Taibo.
Este último, a demás de recordar cómo pudo ganarse el corazón de seis de sus compañeras de secundaria que estaban enamoradas de tipos fisicamente agraciados y, por tanto, todo lo contrario a él, también contó cómo fue marcado por una de las que es considerada las más grandes obras de “el Gabo”:
“Y,o después de Cien años de soledad tuve certezas inconmovibles, inconmensurables, asombrosas. Les diré solamente un par para que puedan, para que podamos hablar todos. Tuve la certeza, por ejemplo, de que a la prima no hay que arrimarsele porque salen hijos con cola de cochino, esa fue una certeza, si o no carnal. Otra certeza absoluta fue de que si te enamoras de alguien como René de Babelia necesitas un hilito para que no se te escape. Otra certeza, es que es que jamás, después de haberlo leído, el hielo se vería de la misma manera”.
En medio de los aforismo “gabrielgacía marquianos” que se hicieron en este “Gabotour”, Xavier Velasco recordó con marcada nostalgia cómo vivió el 17 de abril del año pasado, cuando se enteró de la muerte del escritor que lo inspiró en muchos sentidos, uno de ellos, el de llevar a las mujeres que se ligaba afuera de la casa del autor del Coronel no tiene quien le escriba, ubicada en la zona de El Pedregal, en el DF, para ver si a las chicas les inspiraba soñar con la fachada de esa vivienda que, por mucho, parecía de otro lugar.
Sobre ese día, cuando lo dejaron pasar a la casa luego de llegar, tocar y pedir hablar con la viuda del escritor colombiano, Velasco dijo lo siguiente: “pero, se sentía un vacío. Una cosa muy fuerte, porque casi casi nadie hablaba. Decía cosas casuales, algunos por ahí hasta contaban chistes, pero era un ambiente increiblemente raro, un ambiente de huérfanos mirándose unos a otros sin nadie saber qué hacer. Hasta la fecha se me enchina el cuero cuando pienso en esa noche”
Uno de los mensajes principales lanzados por los escritores fue que, para conocer mejor al Gabo, simplemente no hay que dejarlo de leer.
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