A sus 83 años, Elena Poniatowska sigue con las mismas ganas de escribir que cuando tenía 20 pero, ahora, la periodista y escritora mexicana lo hace de un modo más reflexivo y pausado, consciente de que el tiempo empieza a correr en su contra.

“Cuando eres joven y eres periodista dices, bueno, ahí se va mi texto y al día siguiente lloras y vienen los remordimientos”, se reía este martes la escritora en una entrevista con la AFP. Y, dando un salto en el tiempo, reconocía: “Ahora trabajo de forma mucho más autocrítica y mucho más despacio de lo que trabajaba antes”. 

Hace unos meses, la nostalgia por el México “esplendoroso” y la historia de otra mujer de fuerte carácter fueron las que volvieron a poner a la Premio Cervantes 2013 frente al papel para escribir “Dos veces única”, su nueva novela sobre la vida de Lupe Marín (1895-1981), la esposa que el muralista Diego Rivera acabó reemplazando por Frida Kahlo.

“México es muy inferior a su pasado. Hay otros personajes que me interesan en general pero sí creo que, como antes, no hay nadie”, sentenció la escritora de “La noche de Tlatelolco” (1971), convencida de que las mujeres han sido “las grandes olvidadas” de la historia de México.

Sentada en las butacas de lectura de una de las mayores librerías de Ciudad de México, Poniatowska resaltaba la valentía de Marín por ser “la antítesis del modelo femenino mexicano” de abnegación y lamentaba que la modelo de ojos verdes que “pensaba, decía y hacía lo que quería” hubiera quedado “tragada” por la fama de Kahlo.

Grandes figuras femeninas han protagonizado las páginas de los libros de Poniatowska, como la fotógrafa Tina Modotti en “Tinísima” (1992) o la pintora Leonora Carrington en su celebrada “Leonora” (2011).

También las otras dos esposas de Diego se han colado en su obra: la primera, la rusa Angelina Beloff, aparece en “Querido Diego, te abraza Quiela” (1978) y Kahlo, la tercera, lo hace en la recopilación de retratos “Las siete cabritas” (2000).

“Creo que ahora sigue siendo difícil que se levante la voz de una mujer. Todavía hay muchas mujeres que podrían hacer algo y que, desde luego, no se distinguen mucho por su rebeldía”, manifestó Poniatowska.

“Ya no puedo perder el tiempo”

Una de ellas, a su entender, es la primera dama Angélica Rivera, que hace casi un año se vio envuelta en un escándalo al conocerse que había comprado una fastuosa mansión a un contratista gubernamental. 

“Nunca estaría en mis novelas, no me interesa nada”, lanzó la escritora, conocida por su izquierdismo y su apoyo incondicional al excandidato presidencial Andrés Manuel López Obrador. 

La que nunca ha estado de forma explícita en sus libros es ella misma, una muchacha descendiente del último rey polaco nacida en París en 1932 y que emigró a los 10 años a México, donde creció y ha cultivado su irrefrenable espíritu periodístico durante casi 60 años.

“Alguna vez quisiera escribir (sobre mi), pero no sé si me dé tiempo”, manifestó este martes.

¿Le preocupa el tiempo?

“Me preocupa el tiempo porque ya tengo poco tiempo, la dicha inicua de perder el tiempo de (el poeta mexicano) Renato Leduc pues ya no es la mía. Yo no puedo ya perder el tiempo”, espetaba la escritora.

Y, cerca de cumplir los 84, Poniatowska quiere aprovechar su tiempo pasándolo junto a sus nietos, compaginándolo con el periodismo y la escritura de su próximo libro sobre los orígenes franceses de su familia.

También se propone “bajarle un poco y aprender a decir que no”.

Con una agenda de viajes casi ministerial y las puertas de su casa en el bohemio barrio de Coyoacán siempre abiertas, Poniatowska nunca tiene un no para nadie: ni para los jóvenes periodistas que quieren ir a entrevistarla ni para los curiosos que tocan su puerta a las ocho de la mañana sólo para saludarla.

“Cada año lo digo, es mi resolución, voy a decir que no y siempre tocan a la puerta y yo salgo a que me vean qué cara tengo. ¿Cómo te niegas? Yo no me sé negar y sé que es un defecto”, dice.

 

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