Siria
Fotografía: Delil Souleiman - AFP
Siria.

Maha al Naser espera en una fila delante de una clínica abarrotada en el campamento de desplazados sirio de Al Hol, con su hija de 14 meses retorciéndose en sus brazos bajo el sofocante calor del desierto.

Como decenas de miles de personas, Maha y su hija Fátima forman parte de las personas transportadas en camiones a Al Hol desde Baghuz, el último reducto del grupo yihadista Estado Islámico (EI) conquistado por las fuerzas kurdas en marzo pasado.

“Cuando mi hija sufre convulsiones (…) se desmaya y echa espuma por la boca”, cuenta a la AFP Maha, vestida con un niqab (velo islámico integral). Su hija tiene los ojos cerrados y los labios resecos.

Cuando llegó al campamento el bebé tenía mucha fiebre y, según su madre, no recibió el tratamiento que necesitaba, por lo que empeoró.

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Fotografía: Delil Souleiman – AFP

La llevó dos veces al hospital que hay en el exterior del campamento pero la niña no ha mejorado, lamenta. “La situación sanitaria es mala y los tratamientos tardan en llegar”, añade esta madre de seis hijos cuyo esposo se encuentra detenido con otros presuntos yihadistas en cárceles controladas por los kurdos.

En Al Hol viven más de 70 mil personas, de las cuales dos tercios son niños. Dependen de las ayudas de las oenegés, a menudo insuficientes.

En el campamento, bajo un sol de justicia, los niños llenan bidones con agua potable desde una cisterna proporcionada por las autoridades kurdas.

El Comité de la Cruz Roja Internacional calificó hace poco de “apocalípticas” Las condiciones de vida de los habitantes de Al Hol. El martes Human Rights Watch (HRW) dijo que era un “infierno desértico”.

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Fotografía: Delil Souleiman – AFP

– “Maldito campamento” –

En marzo, las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), entre las que predominan los combatientes kurdos y cuentan con el apoyo de una coalición internacional liderada por Estados Unidos, proclamó su victoria contra el EI tras la conquista de Baghuz.

La situación humanitaria se ha deteriorado con la llegada del verano.

Los niños tienen diarrea. La enfermedad es endémica en este maldito campamento”, declara Maha. “Hace mucha calor, ni siquiera podemos quedarnos en el interior de las carpas”.

Um Talha asiente. “A veces recibimos agua con sabor salado o de color verde, blanco o amarillo”, afirma indignada esta mujer vestida de negro.

“Mi hijo se debate entre la vida y la muerte y seguimos a la espera de que reciba tratamiento, lamenta.

En el patio del centro médico muchas mujeres llevan en brazos a niños que lloran, otras llegan en busca de medicamentos o empujan el soporte con la bolsa de suero de sus hijos.

Las extranjeras van escoltadas por miembros de las Asayesh, la policía local kurda.

En su informe, HRW da cuenta de “letrinas que desbordan, aguas residuales goteando en las carpas y residentes que beben agua para lavar de depósitos que contienen lombrices”.

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Fotografía: Delil Souleiman – AFP

“Niños pequeños con problemas de piel, esqueléticos y el vientre hinchado rebuscan entre un montón de inmundicias”, añade la oenegé.

Según Ramadan Yusef al Daher, responsable del centro médico dependiente de la Media Luna kurda, “20 niños murieron este mes, algunos durante el parto, otros debido a la desnutrición”, confiesa.

Según la ONU, al menos 240 niños murieron desde el final de 2018 de camino a Al Hol o tras su llegada.

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Fotografía: Delil Souleiman – AFP

– “Que nos dejen marchar” –

Muchos se quieren ir.

“Nos encarcelan (…) Que nos abran la puertas para que podamos irnos”, añade Um Huzeifa, una iraquí de 34 años.

En abril, las autoridades kurdas anunciaron haber concluido un acuerdo con Bagdad sobre la repatriación de 31 mil iraquíes (no combatientes) que viven en el campamento, pero todavía no se ha aplicado.

Las iraquíes viven con la esperanza de poder marcharse, pero los otros aproximadamente 12 mil mujeres y niños extranjeros, según el CICR, podrían estar condenados a quedarse.

Muchos países occidentales se niegan a repatriar a sus ciudadanos alegando sobre todo motivos de seguridad. Ante estas reticencias las fuerzas kurdas sugieren la creación de un tribunal internacional para juzgar a los presuntos yihadistas en el lugar.

 

Estas extranjeras viven aisladas en una parte del campamento en condiciones “insostenibles”, según HRW.

“No hay una buena educación (…) Queremos que nuestros hijos aprendan el corán, ¿acaso no es nuestro derecho?”, pregunta Um Usama, una iraquí de 26 años.

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Fotografía: Delil Souleiman – AFP