En Tailandia, la gruta de los “Jabalíes salvajes” se convierte en atracción turística
Mae Sai, Tailandia.

Sumalee deposita flores blancas y se inclina ante la estatua de Saman Kunan. Este submarinista murió durante el espectacular rescate de jóvenes futbolistas y su entrenador, atrapados hace un año en una gruta inundada en Tailandia, convertida hoy en gran atracción turística.

Fotografía: Sophie Deviller – Sippachai Kunnuwong – AFP

“Tenía que estar aquí, para rendirle homenaje”, dice esta enfermera, llegada con sus dos hijos desde Chiang Mai, a más de 250 kilómetros de distancia.

“Es un héroe para todo un país. Salvó a nuestros jóvenes”, los doce adolescentes del equipo de fútbol los “Jabalíes salvajes”, atrapados durante más de dos semanas en esta gruta inundada, en plena temporada del monzón.

Fotografía: Sophie Deviller – Sippachai Kunnuwong – AFP

Antes de la operación internacional de rescate que movilizó día y noche a centenares de personas y mantuvo en tensa expectativa a millones en todo el mundo, este lugar, en el corazón de una zona montañosa del norte del país, era un sitio tranquilo, lejos de los circuitos turísticos.

La gruta de Tham Luang acogía a 5,000 visitantes por año antes de lo ocurrido con los “Jabalíes salvajes”, según Kawee Prasomphol, responsable del lugar.

Fotografía: Sophie Deviller – Sippachai Kunnuwong – AFP

Este año, “de octubre a abril hemos recibido a 1.3 millones de turistas” tailandeses pero también extranjeros, con máximos a veces de hasta 25 mil personas por día durante el feriado del fin de año, se felicita.

– 250 tiendas –

Las autoridades esperan convertirlo en un importante centro turístico de la región.

Cerca de la estatua de Saman Kunan y de la entrada de la gruta, un centro de información ha abierto sus puertas. Alberga una gigantesca pintura, titulada “Los héroes”, que representa a los niños, entonces de 11 a 16 años, en medio de los socorristas, bajo la mirada sonriente del primer ministro, Prayut Chan-O-Cha.

Fotografía: Sophie Deviller – Sippachai Kunnuwong – AFP

Ahí se vende de todo: camisetas a 7 euros, pins, carteles, llaveros, todo en torno a la historia de los “Jabalíes salvajes”.

Y unas 250 tienditas han proliferado en el camino que conduce al lugar, proponiendo comida, ropa y recuerdos.

La montaña que alberga la gruta, llamada “La mujer dormida, debido a su forma alargada, es reputada por albergar espíritus”. Desde el exitoso rescate de los jóvenes, se ha convertido en sinónimo de buena suerte, por lo que ahí se han instalado numerosos vendedores de lotería, muy popular en Tailandia.

Fotografía: Sophie Deviller – Sippachai Kunnuwong – AFP

“Puedo vender hasta 4 mil billetes de lotería por mes” se felicita Kraingkrai, uno de los vendedores que llegó primero.

Sin embargo, desde el inicio de la temporada de lluvias, en mayo, el flujo de turistas ha disminuido.

– Superproducción Netflix –

Phitsawphong gestiona las camionetas que se turnan para llevar a los visitantes desde el parking hasta la entrada de la gruta, y se declara ante el futuro muy optimista.

El turismo “crea trabajo para los locales. Antes los agricultores de la zona tenían que pedir créditos para comprar fertilizante”, dice.

Fotografía: Sophie Deviller – Sippachai Kunnuwong – AFP

Les habitantes locales esperan la reapertura de la gruta, como muy pronto en 2020, y que los numerosos acontecimientos previstos en torno a la “aventura de los Jabalíes salvajes” -especialmente una superproducción de Netflix- permita atraer a más visitantes.

Y las autoridades ven a lo grande. El gobierno ha destinado 50 millones de bahts (1.5 millones de euros) para desarrollar el lugar y sus alrededores, según Kawee Prasomphol, responsable del sitio.

Fotografía: Sophie Deviller – Sippachai Kunnuwong – AFP

A pocos kilómetros de Tham Luang se prevé construir un centro comercial, restaurantes, hoteles y varios campings.

“Es normal que la gente intente ganar dinero. Pero es importante que el sitio conserve un cierto aspecto espiritual. Porque aquí se ha producido un milagro con esos niños”, dice Cheong, un turista de Singapur.

Fotografía: Sophie Deviller – Sippachai Kunnuwong – AFP