Fotografía: Medios

KabulAfganistán

Frente a la mezquita chiita de Kabul destrozada el viernes en un atentado del grupo Estado Islámico que causó decenas de muertos, vecinos y familiares, llenos de rabia y dolor, condenaban el sábado la incompetencia del gobierno afgano.

El lugar desprende todavía un fuerte olor a sangre seca. Los muros magullados están salpicados de sangre, los vidrios están rotos, las alfombras repletas de restos de ropa y calzados.

Al menos 56 personas murieron en este ataque reivindicado el sábado por la mañana por el grupo Estado Islámico que precisa que un “turcomano” hizo “estallar su cinturón en medio de la multitud”.

El hombre, que pudo entrar disfrazado de mujer, según un responsable de barrio, primero disparó a la multitud y luego se hizo estallar cuando el oficio religioso llegaba a su fin. Según un testigo directo de la escena, “llevaba granadas alrededor de la cintura”.

En el suelo se encontraron otras granadas que no estallaron, según un fotógrafo de la AFP.

“¿Qué hace nuestro gobierno? Nos siguen atacando dentro de nuestras mezquitas, ¿cuánto tiempo deberemos soportarlo?”, preguntó Rasool, un comerciante de la zona. “No podemos vivir más aquí, incluso en los lugares sagrados no tenemos seguridad”.

Ibrahim, un representante de la comunidad de Dasht-e-Barchi, un barrio mayoritariamente chiita del oeste de la capital, aseguró haber contado 42 cuerpos cuando llegó al lugar.

“Era un caos total, la gente estaba en pánico. No puedo decir cuántos heridos ya que fueron evacuados en ambulancia, coches privados y camiones de la policía. Pero entre los muertos vi a cuatro mujeres y seis niños”, detalló.

“La seguridad era importante en la entrada de la mezquita. Todos los hombres fueron cacheados”, afirmó.

“El terrorista pudo esconderse debajo de un largo velo de mujer”, dijo. “No se registran a las mujeres”.

El hombre está enojado. “¿Para qué sirve la policía, una vez que ya se produjo la explosión? Es antes cuando hay que tomar medidas de seguridad. Somos todo el tiempo víctimas de esos atentados”, denunció asegurando, al igual que otros testigos que hablaron con AFP, que la policía llegó al lugar más de una hora después de los hechos.

Desde julio de 2016 la minoría chiita de Afganistán es regularmente objeto de ataques, en Kabul, Herat (oeste) y Mazar-i-Sharif (norte), del Estado Islámico, grupo extremista sunita que se implantó en el este del país en 2015 y que considera al chiismo como herético.

Estos ataques, en particular en momentos de las grandes celebraciones, llevó a las autoridades, de acuerdo con los dirigentes religiosos, a reforzar la protección de las mezquitas chiitas durante las celebraciones de la ashura, a principios de mes.

Civiles armados tienen la responsabilidad de asistir a las fuerzas de policía para bloquear toda intrusión sospechosa.

“Hubo muchos muertos en esta serie de ataques contra los chiitas. Si nuestro gobierno es incapaz de protegernos, que dimita”, dijo un hombre testigo directo del ataque. “Que dejen a otros responsables más competentes ocupar su lugar”.

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