[[{“fid”:”45772″,”view_mode”:”default”,”fields”:{“format”:”default”,”field_file_image_alt_text[und][0][value]”:””,”field_file_image_title_text[und][0][value]”:””},”type”:”media”,”attributes”:{“class”:”media-element file-default”},”link_text”:null}]]

Como es tradición en los canales de cine mexicano por cable, en días que se cumplen natalicios, decesos o momentos memorables de actores, actrices o cineastas, se comienza una constante exhibición de películas con referencia a dichos personajes. 

Este pasado 4 de octubre, el actor sonorense Mario Almada hizo su último disparo y  murió en compañía de sus familiares en su casa de Cuernavaca, Morelos, y los canales de televisión homenajearon al legendario actor con días y días de proyecciones de sus cientos (tal vez miles) de películas. 

Actor conocido y reconocido en México y Estados Unidos por sus innumerables películas como heroico justiciero, pistolero a sueldo, sheriffde algún condado fronterizo, policía retirado, agente antidrogas,  cazador de extraterrestres, ranger texano, comisario veterano y mil cosas más; Mario Almada fue pieza fundamental del vilipendiado y criticado formato del videohome que por mucho tiempo fue el motor de la industria cinematográfica mexicana.

Don Mario junto con su hermano Fernando, fueron dos de sus principales rostros. Con más de cuatrocientas películas filmadas y grabadas, donde participó como actor, productor, director y escritor, así como con una infinidad de apariciones especiales en series, películas, programas de televisión y demás producciones audiovisuales, probablemente su filmografía se pueda contar con más de mil exposiciones en pantalla.  

Fue un actor que encarnó a la versión mexicana de Clint Eastwood, Charles Bronson y Chuck Norris en un solo personaje, comenzó su larga carrera como guionista de cine. Como actor, una de sus primeras participaciones fue en la película Los jinetes de la bruja (1965), dirigida por Vicente Oroná, donde hizo un papel de asesino desalmado. En 1970 aparece en la que es considerada la mejor película del Caudillo del Sur, y una de las más importantes de la temática revolucionaria, la superproducción mexicana Emiliano Zapata, dirigida por Felipe Cazals y protagonizada por el actor y cantante Antonio Aguilar. 

Mario después aparecería como co-protagonista de uno de los mejores western mexicanos, El tunco Maclovio (1970), con la dirección de Alberto Mariscal y con la participación del actor Julio Alemán, que contribuyó a su ascenso como actor principal y figura reconocida del cine mexicano. Otras memorables participaciones de Mario Almada en el cine fueron La banda del carro rojo (1977), con su hermano Fernando y con Pedro Infante Jr., aquí son orillados a convertirse en narcotraficantes debido a su terrible condición económica; el grupo Los tigres del Norte tiene una aparición especial. 

En el año de 1978 Mario aparece como compañero de Vicente Fernández en El arracadas, versión modificada de la película Los hermanos del Hierro (western mexicano de culto que se encuentra entre las mejores 100 películas nacionales). En su polifacética carrera podemos encontrar curiosidades como La zona del silencio (1990), película de corte fantástico y ciencia ficción donde nuestro héroe enfrenta a fantasmagóricos enemigos, donde actúan también Rodolfo de Anda y Olivia Collins. (Hay otra película llamada  La zona del silencio. Paralelo 27 (2004), donde también aparece Mario Almada junto con Andrés García Jr. y Eduardo Zayas). 

Participó con Eugenio Derbez en La misma luna (2007). En 2010 lo vimos en la polémica película de Luis Estrada El infierno, donde hace una aparición especial con el personaje “El texano”, un notorio pero avejentado narcotraficante con mucho colmillo; actúa junto al actor Damián Alcázar y Joaquín Cosío.  

Para aquellos que se traumaron con El crimen del Padre Amaro (Dir. Carlos Carrera, 2002) y con los “excesos” de Gael García, les recuerdo que los Almada ya habían estado en esos menesteres (como debe de ser). Fue en 1977 cuando, de la mano del director Arturo Ripstein, hicieron La viuda negra, (adaptación de la obra de Rafael Solana Debería haber obispas), fue un filme muy controvertido donde Mario Almada encarna a un sacerdote que tiene una asistente llamada Matea (Isela Vega), con quien comienza una serie de intimidades y amoríos pecaminosos (¡Uuufff!), para variar, la película fue censurada (bueno, guardada) hasta 1983 después de hacerle algunos recortes para hacerla apta para “el buen gusto” del público mexicano. 

En 1984, con la moda de los cholo-punks y las referencias frescas de Mad Max (1979, 1981), los hermanos Almada aparecen como protagonistas de la película Siete en la mira y, junto con los actores Jorge Reynoso y Eleazar García Jr., tienen que enfrentar el ataque de una banda de motociclistas/pandilleros/karatekas que invaden un tranquilo pueblo texano. Y si suponen que esta joya del cine extraño fue una mala idea del director Pedro Galindo III, suponen mal, hubo tres continuaciones más. 

Esta es una muy mínima muestra de lo variado del trabajo del actor Mario Almada, quien cuando le fue exigido, dio grandes actuaciones con su presencia poderosa en pantalla, desafortunadamente, con el ocaso del cine mexicano, la calidad de los papeles fue bajando poco a poco, hasta volver a los hermanos Almada una especie de mito urbano de los viejos anaqueles de películas Beta y VHS en rústicos videoclubs improvisados.  

Un reconocimiento a Mario Almada (1922-2016) y a su hermano Fernando Almada (1929), cuyas películas esperan la llegada de los investigadores y estudiosos del cine (quienes las volverán cool como a Rosa Gloria Chagoyán, Lola la trailera o el cine del Santo, El enmascarado de plata). 

Musica maestra

Deja un Comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here