Ocotlán, Jalisco

Con el tule se pueden hacer muchas cosas y casas, si no pregúntenle a Jamay, que si el temblor de 1847 no dejó grandes pérdidas materiales y humanas fue porque sus casas eran de este material sacado del lago de Chapala. Y no nada más eso, Jamay vivió del tule durante mucho tiempo, así lo relata Eusebio García en su libro Apuntes Histórico Sociológicos de Jamay:

“Era en verdad muy divertido transitar por las calles del pueblo  en las horas de trabajo: en cada casa se escuchaba el ritmo de las piedras de hacer petate, sirviendo de armonía a las canciones populares que a todo pecho se entonaban en coro, con primera y segunda, por los alegres tejedores del tule”.

Esto fue así, hasta que en 1926, en Jamay escaseó el tule:

“Una gran creciente del lago desenraizó y los vientos y las corrientes desbarataron los pantanos o los desplazaron hacia otros lugares. La gente lloraba ante lo que consideraba un castigo de Dios”.

Sin embargo, casi 100 años después, hay alguien que resiste, alguien que encontró tule y que sigue golpeando el suelo con su piedra, reviviendo sonidos de un arte que en Jamay había muerto. Ella es María Cristina Navarro Cervantes, tiene 57 años de vida y 20 haciendo artesanías con tule. 

“Mis padres siempre trabajaron el tule, él de hecho hacía petates, sillas e infinidad de cosas con el tule, de ahí me nació la idea de seguirlo utilizando, ya que es una materia que se da en nuestro pueblo y a la que podemos sacarle ventaja, teniéndolo en el lago, aparte de que no te cuesta”.

Dice con orgullo que se sostiene económicamente trabajando el tule, la hoja de maíz y el lirio:

“Trabajo el tule, la hoja de maíz y el lirio. El tule y el lirio lo consigo aquí del lago, aquí hay muchísimo en los canales, aparte de que se limpian”.

No obstante, este camino a veces se torna complicado, ya que son los turistas quienes compran las artesanías, no los jamaytecos, me dice. Observa a no sé qué lejano o cercano pasado y me dice por qué en el 2019 sigue trabajando el tule:

“Para mí significa mucho, más por la enseñanza de mis padres que son quienes me están impulsando a seguir y a seguir y aparte me encanta, me facina mucho trabajar este tipo de materiales, porque es algo que no cualquiera lo hace. Para hacer por ejemplo un aventador, soplador hay que ir doblando el tule y se utiliza una piedra para irlo planchando. Tienes que ir a recolectarlo, humedecerlo, porque si no lo humedeces definitivamente el tule se rompe porque es frágil, tiene su manera y su proceso para que lo puedas trabajar”.

Dice que dedica alrededor de 20 minutos para hacer un soplador, que cobrará a 20 o 30 pesos. Si usted gusta contactar sus servicios puede comunicarse al 92 4 08 40.

Dice que está enseñando a más personas en un taller en casa de cultura de Jamay. Muestra con orgullo sus artesanías,  figuras de mujer con hojas de maíz, penachos de petate, sopladores… en el ambiente comienzan a retumbar tenues golpeteos de piedras, que nos recuerdan que las tradiciones también se escuchan.

Por Luis Felipe García