Ocotlán, Jalisco

En Jamay la fiesta es costumbre, pero hoy, 28 de julio del 2019 raramente hay silencio en las calles del pueblo, sólo se escucha un murmullo rumbo a la salida, yendo para La Barca, lo comenzamos a seguir y nos lleva hasta el campo de fútbol “El Trompo”, donde el día de hoy se lleva a cabo el partido de vuelta entre Jamay y Valle de Juárez, aquí se decide el pase a octavos de la Copa Jalisco. 

Jamay se enfrenta a un escenario complicado, Valle de Juárez ganó el partido de ida 2 a 1. Sin embargo, basta un gol para que la historia cambie y Jamay entre a la siguiente ronda. Los apostadores van prodigando sus: “20 para 200, 20 para 200, me queda el número 20 y el 6”. Un jamayteco se levanta de su asiento y pide lo imposible: el número 18. Así transcurre el partido desde las gradas.

Hasta que súbitamente se escucha otra voz, la de la mayoría de las gentes que reclama un penal a favor de Jamay. Molesto, un poblador pide que se revise el VAR, la barra ríe y olvida el trago amargo que el árbitro les hizo pasar, no sin antes hacer algunos comentarios sobre la madre del silbante. 

No llega el gol, se le está haciendo tarde, en la gradería comienzan a desesperarse, a decir cosas como: va a valer cacahuate, ese árbitro está verde, no andan finos, etc. El partido está cortado, no hay puentes entre las secciones de la cancha y en las gradas se nota eso, los rostros se tornan severos y se comienza a buscar alguna víctima, que casi siempre resulta ser el árbitro.

A quien le gritan piropos como: “ese cabrón te grita más que tu mujer; ¿pues que estás ciego?; árbitro, si no puedes con él, suéltamelo”. Pobre del árbitro, no importa cuánto se esfuerce, siempre va a perder.

En eso estábamos en las gradas cuando cae un gol, la banca estalla en júbilo, en abrazos y hasta en propuestas de boda para quien anotó: “La gata”. Pregunto el nombre real del anotador a alguien de la banca y me contesta: no me acuerdo cómo se llama, pero ponle que “La Gata”, si no nadie lo va a conocer.

El anotador es César Navarro, quien vivió así el gol:

“Fue un rebote que nos favoreció, a Javi mi compañero, sacamos ventaja de ello, logró darme el pase y sin pensarla definí como venía el balón y gracias a Dios se metió la pelota. Uno se siente muy bonito, créeme que se siente muy bonito meter un gol, pero meterlo en estas instancias es más satisfactorio para mí en lo personal, y para la gente de Jamay que nos apoyó, es algo muy bonito”. 

La fiesta estalló, el fútbol de las dos escuadras comenzó a mejorar, hasta ganas me dieron de verlo. Sin embargo, los jugadores, que según un sector del público, no andaban finos, fallaron muchas pelotas que el mismo sector del público dijo que eran cuando menos medio gol. Lástima que en el fútbol no se sumen los medios goles, porque hubo varios.

Jamay retrocedió para defenderse, con este gol pasaban a la siguiente ronda. Aunque el marcador global era de 2 a 2, el gol de visitante favorecía a Jamay y le daba el gane. No obstante, si la Selección del Valle de Juárez anotaba un gol se ponía en zona de calificación para los octavos. 

Se fueron agotando los minutos, los jamaytecos juraban que los minutos estaban más largos que de costumbre, y en los rostros de la porra de Valle de Juárez se veía que estos mismos minutos transcurrían demasiado a prisa. Los jamaytecos empezaron a silbar para presionar al árbitro, para que terminara el partido. 

Y ahí estaba, se hizo presente el pitido que dio luz verde a los gritos, los abrazos, la tensión explotó en una porra del público a sus jugadores, primero, y después de los jugadores al público. 

El auxiliar del Director Técnico, Luis Mireles, habló sobre la charla que tuvo la selección Jamay antes de salir a la cancha:

“Tenemos una sola meta, que era ganar, era pasar, solamente se les habló de la capacidad que tienen, que es un muy buen equipo, pero que también de este lado tenemos con qué, tenemos calidad y sobre todo capacidad. Creo que la localía pesó demasiado”.

El fútbol terminó en la cancha, pero siguió en boca de todos, y Jamay volvió a su estado natural de fiesta. 

Por Luis Felipe García