Ocotlán, Jalisco

Son abundantes los pensamientos que surgen de cada ser humano. La motivante enseñanza de transmitir que todos podemos aprender a pensar de forma constructiva debe vivirse en todas las escuelas. Debe vivirse en el seno de los afectos familiares y debe pregonarse en todos las etapas de la vida en donde los vínculos se expresan. Desde temprana edad las niñas y los niños pueden aprender a pensar positivamente, a creer en que desde sus pensamientos se construyen sus creencias. Se fortalecen las mismas y se estimulan sus acciones. Creer requiere del pensar. Para creer hay que pensar. Es susceptible de manipulaciones aquello que se cree a medias o que se cree simplemente porque otros creen o se dice que se cree pero no se siente interiormente dicha creencia. 

Hay que respetar profundamente las creencias de cada ser humano. En la gran diversidad se encuentran las bases para admirar lo que unos y otros piensan y viven personalmente. Si se vive con amor el pensar está encendido y dispuesto a valorar esa convivencia diversa. Creer en el amor social es una raíz mental que hay que cultivar. Para ello hay que creer en las personas y hay que creer en que son buenas y que están dispuestas a aprender, a crecer, a construir, a convivir junto a los demás en sus diferentes quehaceres cotidianos. El amor social definido como respeto y valoración a la convivencia con otros. 

Enmarcar algo como ideal, y pensar que lo idealista no es posible o es posible de vivirse, también es una creencia y si así se cree así se vive. Es idealista porque se decide que así sea y hay quienes, en muchas ocasiones, lo consideran no realista porque se niegan a vivirlo. Cambiar la matriz juzgadora del pensar es atreverse a repensar cómo estamos viviendo. Toda transformación debe partir de actos concretos. Lo que se haga debe estar impregnado de amor, hay que estimular el pensar en las creencias edificantes. Hay que identificar los ideales que movilizan nuestras vidas y hay que utilizarlos en las simples acciones diarias. 

Por Marcelo Pedroza