Ocotlán, Jalisco

El mercado de trabajo ha sido uno de los más afectados por la pandemia de Covid-19. Y no sólo se trata de la pérdida de millones de empleos, sino de una migración acelerada hacia nuevas competencias y nuevas formas de realizar actividades productivas. Hace 25 años, el pensador Jeremy Rifkin advirtió en su libro El fin del trabajo que la tecnología reemplazaría a una buena parte de la mano de obra y que tendríamos que reinventarnos como profesionales y reinventar los empleos. Hace un par de años, el periodista Andrés Oppenheimer, en su libro ¡Sálvese quien pueda! El futuro del trabajo en la era de la automatización, documentó cómo los trabajadores estaban siendo desplazados por los robots y la inteligencia artificial. Hoy la pandemia lo aceleró todo.

El primer gran impacto de la pandemia fue en los empleos perdidos: millones de puestos afectados por la paralización de las actividades debido al confinamiento. El turismo, el comercio, los servicios y todo lo que involucra aglomeración de personas sufrieron las consecuencias. Otro impacto se dio con la reconversión forzada, con la educación que pasó de lo presencial a lo virtual, con el auge del comercio en línea y con todas las actividades que pudieron enmarcarse en el teletrabajo, en cumplir con tareas desde la distancia mediada por la tecnología. Y esto tiene grandes implicaciones para el mercado laboral, para las condiciones de los trabajadores y para el futuro mismo de los empleos.

Si hace poco las preguntas eran cuáles empleos desaparecerán y cuáles se reinventarán o se crearán en el futuro, la pandemia está apurando la respuesta. Por un lado, todos los empleos que impliquen trabajo mecánico corren el riesgo de desaparecer en manos de la tecnología. Por otro lado, están los empleos que deben transformarse para ajustarse a los requerimientos pospandemia: los comerciantes son un buen ejemplo. Ahora deben pensar en la lógica de la venta y la entrega a distancia, de la digitalización de procesos, además de ajustar su sistema de atención en caso de seguir con el comercio presencial.

Y, precisamente, la pandemia aceleró la reinvención y la generación de oportunidades en algunos sectores específicos: la educación virtual, el desarrollo de plataformas, la digitalización de procesos administrativos, la salud preventiva y la atención a distancia, el comercio en línea, los sistemas de distribución de mercaderías, la informática, la robótica, la seguridad digital y el desarrollo de programas o aplicaciones para migrar de lo físico a lo virtual. La tecnología ya era necesaria pero con la pandemia se volvió una urgencia. Y no sólo en cuanto a su uso sino al aprendizaje desesperado para no perder el empleo o el negocio.

La pandemia aceleró la transformación del mundo del trabajo, pero esto apenas empieza. Ahora habrá que sopesar las bondades del teletrabajo contra la precariedad laboral para evitar que al migrar hacia lo virtual no se terminen profundizando las malas condiciones de trabajo, los malos salarios y la informalidad. Así mismo, todo el sistema educativo, la formación de trabajadores, la forma de hacer negocios y la manera de pensar en el empleo deben ajustarse a la luz de los nuevos requerimientos, del cambio del consumo y del cambio de necesidades. Si nos equivocamos en este paso, el riesgo es una mayor desigualdad.

Por Héctor Farina Ojeda