Ocotlán, Jalisco

La situación actual de estancamiento de la economía mexicana nos lleva a preguntarnos cómo se reactivará el dinamismo económico y cuánto tiempo demorará en volver a niveles de crecimiento importante. En este sentido, un reciente reporte de Citibanamex es poco optimista: “La economía mexicana se encuentra en un estancamiento profundo y no hay indicios de una pronta recuperación”, dice una parte de su comunicado. La preocupación principal es que en los últimos cinco trimestres el crecimiento promedio fue de cero, en tanto los pronósticos para 2019 son de un repunte de 0.2 por ciento en 2019 y 1.2 por ciento en 2020.

Un punto muy importante es que Citibanamex pondera las dificultades de los factores externos pero pone énfasis en que los factores internos parecen tener mayor incidencia en la falta de recuperación. Continúa la incertidumbre en torno a la política y la situación económica del país, además de que otros factores como la inseguridad y la inversión pública también condicionan la recuperación. La debilidad del mercado interno deriva en una menor demanda, en que el consumo esté en disminución, y esto afecta a la confianza, que sabemos es fundamental para invertir, emprender y generar empleo.

Así como se encuentra la economía, nos enfrentamos no solo a un proceso de recuperación lenta sino que en un escenario desigual, la recuperación también es desigual. Es decir, en la medida en que las obras públicas, las exportaciones y las medidas del gobierno logren que la economía retome el camino del crecimiento, los primeros beneficios caerán en los grandes indicadores, en los sectores empresariales y productivos, pero tardarán en llegar a los que más lo necesitan: los que viven en la pobreza, los desempleados, los que tienen empleos y no alcanzan a cubrir sus gastos porque tienen salarios insuficientes, y en general a los que se encuentran en condiciones precarias.

Hace diez años, cuando la economía mexicana fue arrastrada por la crisis global, el golpe fue más fuerte hacia los sectores más vulnerables. Y la recuperación tardó alrededor de dos años para los ricos, en tanto los pobres todavía no han logrado tan siquiera volver a los niveles previos a la crisis. Para evitar que se repita la situación, la gran pregunta es cómo se construirá una reactivación de la economía en la que no haya tanta disparidad. Los pobres ya no pueden seguir siendo postergados ni pueden seguir a la deriva con cada crisis.

Más que nunca se requieren de estrategias creativas y efectivas para aminorar las desigualdades. Hay que apostar por lo social para atender las urgencias, lo que implica buscar formas de generación y distribución de riqueza más equitativas. Tanto el incremento de los salarios, la recuperación del poder adquisitivo y las inversiones sociales en educación y salud deben ponerse a la vanguardia para que cuando la economía comience a recuperarse sea para todos y no sólo para los sectores acostumbrados a acumular la mayor parte de la riqueza.

Por Héctor Claudio Farina