Ocotlán, Jalisco

La palabra “crisis” es una de las que más suenan en las conversaciones de la gente y en los medios de comunicación. Se refiere a una infinidad de situaciones, aunque en la coyuntura actual apunta directamente a los problemas de salud derivados de la pandemia de Covid-19 y a los efectos en la economía, marcados por la pérdida de empleos, ingresos y el cierre de empresas. Más de 64 mil muertos y cerca de 600 mil contagiados de Covid-19 en México, así como más de un millón de empleos formales perdidos, otros tantos perdidos en la informalidad y muchos más suspendidos, a la espera de la reactivación. La doble crisis es mundial y en el caso local lo podemos ver con crudeza.

En este contexto, salir de la crisis se ha convertido en el norte común, con un destino ideal al que se espera llegar lo antes posible. Pero ante la caída más profunda de la economía mexicana en el último siglo y en el marco de una pandemia que está lejos de concluir, el panorama es duro: la recuperación económica podría tardar años y todavía no sabemos si dicha recuperación tendrá la calidad suficiente para cubrir las ingentes necesidades agudizadas por la recesión. Es decir, además del tiempo que pasará antes de volver a los niveles previos a la pandemia, hay que ver si la recuperación será sólo de grandes indicadores y en beneficio de un porcentaje pequeño de la población, o será extensiva a la gente que más lo necesita.

Hace unos días el Banco de México estimó que la recuperación para 2021 será claramente insuficiente. En el mejor escenario, prevé un repunte de 5.6 por ciento, en tanto que en el escenario crítico será de 1.3 por ciento. Esto luego de la caída de este año, que oscilaría entre 8.8 y 12.8 por ciento. Mientras para los analistas del sector privado, los números apuntan a que la recuperación a niveles previos a la pandemia se lograría entre 2023 y 2025, es decir que la generación de empleos, de ingresos, la actividad comercial y los servicios tendrán un avance lento luego de la caída.

Salir de la crisis es un gran reto porque en este caso no se trata de un problema particular conocido ni mucho menos de uno que afecte en forma local: se trata de una pandemia, que tiene efectos sobre la salud de la gente, que exige atención prioritaria, y que al tener un alcance global también tiene efectos globales en la economía. Todos los países tienen problemas con la recesión, requieren reactivarse y están experimentando estrategias. En otras palabras, las economías en crisis no pueden colgarse de economías en auge como pasó en recesiones anteriores, debido a que ahora todas padecen los efectos de la recesión mundial.

En es la salida de la crisis en donde deben verse las diferencias: si la recuperación es social, con empleos que contribuyan a disminuir la pobreza, con apoyo para que la población empobrecida tenga una oportunidad de mejorar, entonces aunque sea lenta, la recuperación será de calidad. Pero si como en ocasiones anteriores sólo se recuperan los grandes indicadores, no importará que esto sea rápido: el resultado será de un retorno a los conflictos anteriores, como la pobreza y la desigualdad, ahora agravados por una convergencia de crisis.

Por Héctor Farina Ojeda