Ocotlán, Jalisco

El salario mínimo tuvo un incremento general de 16 por ciento en 2019, en tanto en frontera norte se duplicó. Para 2020, la propuesta es que haya un ajuste general del 20 por ciento, lo que significa que de 102.68 pesos pasará a 123.32 pesos diarios. En el caso de la frontera norte, la suba será de 5 por ciento este año, con lo que de 176.72 pesos se pasará a 185.56 pesos diarios. Este ajuste del salario mínimo se da en el contexto de una inflación controlada, lo que significa que el nivel de la suba de los precios se ha mantenido dentro de los límites establecidos de más o menos tres por ciento.

El ajuste de salarios promete beneficios aunque también conlleva riesgos. Por el lado de las bondades, se trata de un esfuerzo por recuperar el poder adquisitivo de la gente que, como sabemos, ha disminuido en cerca del 80 por ciento en los últimos 30 años. El salario mínimo no había tenido un ajuste tan importante desde hace 44 años. Los analistas del gobierno esperan que la medida no genere suba de los precios y que favorezca a los trabajadores que ganan menos.

Sin embargo, una limitación que conviene precisar es el alcance. Según la secretaria del Trabajo y Previsión Social, María Luisa Alcalde, el ajuste del salario mínimo alcanzará a 3.44 millones de trabajadores que ganan menos del salario mínimo. Hay aproximadamente 11 millones de personas que ganan entre uno y dos salarios mínimos. Algo que hay que considerar es que el ajuste sólo beneficia a los que ganan el mínimo y se ocupan en el sector formal, lo que significa que inmediatamente queda fuera cerca del 60 por ciento de los trabajadores que se emplean en la informalidad.

Los riesgos que se plantean con el ajuste son varios: que se genere una suba de precios que impacte a todos, que no se cumpla con lo establecido en la norma -lo cual no sería raro en un mercado con elevada informalidad-, que esto genere un desincentivo para que las microempresas contraten personal y que el salario mínimo en lugar de impulsar mejores ingresos reales termine concentrando a los trabajadores en los niveles más bajos. Es decir, que el mínimo se convierta en el techo salarial de muchos empleos y que se vaya incrementando la cantidad de personas que son contratadas con los ingresos mínimos.

Lo bueno es que hay un intento de recuperación del poder adquisitivo. El riesgo es que la medida no sea acompañada y que se divorcie de la productividad. La recuperación del poder adquisitivo de la gente pasa por la mejoría de sus ingresos, de la calidad de sus empleos y de la generación de oportunidades laborales. El ajuste del salario mínimo es una buena iniciativa pero por sí sólo no alcanza: hay que hacer que los trabajadores puedan acceder a niveles más altos de ingresos y ello sólo será posible en la medida en que mejoren su educación y que el mercado laboral genere puestos de trabajo de mayor calidad.

Más allá del salario mínimo, para mejorar los ingresos reales se necesita recuperar el crecimiento económico para generar mejores empleos, así como se requiere más calidad educativa para que la gente tenga mejores oportunidades.

Por Héctor Claudio Farina