Ocotlán, Jalisco

Los datos sobre la pérdida de puestos de trabajo a nivel mundial son abrumadores. La crisis sanitaria por la pandemia de Covid-19 hará que en total se pierdan cerca de 25 millones de empleos en América Latina, de acuerdo a Carlos Felipe Jaramillo, vicepresidente ejecutivo del Banco Mundial para la región. Mientras los casos de Covid-19 ya superaron los 4 millones y hay sistemas de salud colapsados, la economía sigue a la deriva entre la caída y los intentos de reactivación, en medio de los brotes y rebrotes, de los riesgos y de las necesidades. No sólo no ha acabado la pandemia, sino que los contagios y el número de muertos siguen creciendo al igual que la pobreza y las necesidades sociales.

En el caso de México, la doble crisis se manifiesta en una cifra de 390 mil contagios, con más de 43 mil muertos, más de un millón de empleos formales perdidos, otro millón de puestos informales que se perdieron, así como alrededor de 10 millones de ocupaciones suspendidas en espera de reactivación. Además de las pérdidas globales de empleos, la interiorización de los casos es altamente preocupante: uno de cada tres hogares mexicanos ha sufrido una pérdida de empleo debido a la pandemia, según los datos del Instituto Nacional de Estadísticas y Geografías (Inegi). Esto implica una reducción de los ingresos necesarios para hacerle frente a los costos de vida, lo que se traduce en un empobrecimiento y en una reducción de la capacidad de consumo.

Ante este panorama poco alentador, la gran pregunta que se impone es cómo recuperaremos los empleos. Hay diversos esfuerzos a nivel mundial que buscan la reactivación y la generación de empleos. En Alemania se proyecta la inyección de recursos más grande de su historia, en tanto en Francia se apuesta por incentivar la generación de empleos sobre todos para los segmentos más jóvenes de la población. En ambos casos se trata de paquetes de recursos, de incentivos fiscales y de estímulos para generar confianza en los inversionistas.

En Estados Unidos también se apuesta por los apoyos federales y estatales, así como por los incentivos para que las inversiones se recuperen en la brevedad y se pueda potenciar la generación de los empleos.

En el caso de México, uno de los grandes problemas es anterior a la pandemia: la falta de confianza por parte de los inversionistas que derivó en una insuficiente creación de empleos en 2019, englobada por una caída de 0.1 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

La recuperación del empleo será desigual, tan desigual como es la economía. Todos los que perdieron sus trabajos en los sectores del entretenimiento, el turismo y los que impliquen grandes aglomeraciones de personas, tendrán menos oportunidades en el corto plazo, por lo que dependerán de que la crisis sanitaria sea controlada para que el empleo vuelva. Los demás sectores tendrán una recuperación lenta, ya que las industrias, los comercios y los servicios tendrán que adecuarse a las exigencias sanitarias de la nueva normalidad, pero sobre todo tendrán que esperar la recuperación de la demanda. Y esta sí será muy lenta.

Lo preocupante es que no se ve una recuperación distinta a la tradicional, es decir a los empleos que vienen de las obras ya anunciadas, de la inercia del TMEC y de lo que pasa en Estados Unidos. Falta pensar más en los microempresarios, en los emprendedores y en la innovación.

Por Héctor Farina Ojeda