Ocotlán, Jalisco

Mientras algunas de las actividades productivas se encuentran en proceso de regreso a lo que denominaron “la nueva normalidad”, las dos grandes preguntas que rondan el desempeño económico apuntan a qué tan profunda será finalmente la caída y qué tan rápida será la recuperación. En el primer caso, los pronósticos siguen empeorando en la medida en que todavía seguimos en plena crisis sanitaria por la pandemia de Covid-19 y que la economía sigue paralizada. La reciente encuesta que realiza Citibanamex a los expertos estimó una caída de 7.8 por ciento en 2020, en tanto el Bank Of America Merryl Linch calcula que incluso la contracción podría ser del 10 por ciento. Y aunque las proyecciones todavía son inestables y siguen cambiando, lo claro es que nos enfrentamos a la peor caída de la economía en casi 100 años.

En el segundo caso, a las voces optimistas del gobierno que auguran una rápida recuperación en 2021 se contraponen las voces de los analistas que ven un futuro más complicado. Citibanamex estima que en 2021 se tendrá un crecimiento de rebote de 2.5 por ciento, en tanto los expertos consultados por el Banco de México creen que dicho rebote será de 2.2 por ciento. Los escenarios combinados nos dicen que enfrentamos una caída muy profunda y que el rebote será muy leve una vez que toquemos fondo. Y esto hablando en cuanto al crecimiento, la cuestionada medición de la cantidad total de riqueza que produce un país durante un periodo determinado. Falta ver la cuestión del empleo, de los ingresos y el incremento de la pobreza.

La recuperación de la economía es vital para todo el país y urgente para millones de personas que viven en condiciones de pobreza, que perdieron sus empleos y que necesitan ingresos para sobrevivir. En todo el mundo se piensa en cómo recuperar la economía luego de la pandemia. En Alemania, el motor europeo, se tiene un plan que incluye la inyección de 130 mil millones de euros para 2020 y 2021, así como la reducción temporal del impuesto al valor agregado, la transferencia de deudas de los municipios hacia el estado federal, una figura de subsidio de 300 euros por niño para las familias, así como incentivos para los que adquieren autos eléctricos. Este plan se suma al que ya se había aplicado en marzo para frenar la caída de la economía debido a la crisis sanitaria.

En la contracara, en el caso de México los estímulos internos para minimizar la caída son totalmente insuficientes y eso se nota en los datos del Inegi que dan cuenta de que 12 millones de trabajadores dejaron de estar activos en el mes de abril. Muchos perdieron sus empleos, otros están en pausa, otros tienen sus negocios a medias y en la incertidumbre. Pero la paralización significa pérdida de ingresos, disminución del consumo y un incremento muy importante de la pobreza.

Con este contexto de una población empobrecida, de una pérdida de empleos sin precedentes, de los pronósticos poco alentadores para Estados Unidos y de la falta de un plan efectivo para la reactivación interna, la recuperación de la economía mexicana no sólo será lenta y desigual sino inercial. Lo que falta es tomar el ejemplo de países como Alemania y fortalecer los motores internos para mover la economía desde dentro.

Por Héctor Farina Ojeda