Ocotlán, Jalisco

El nacimiento del hacer siempre es posible. El proceso de construcción trae sentido. Lo que perdura está realizado. El legado del obrar es un ejemplo que no tiene tiempo, permanece en él.  El obrar de quienes son líderes puede admirarse, así como se admira una obra arquitectónica. 

La obra completa lleva tiempo para su ejecución. El conjunto de todas las obras soñadas se vislumbra con los años de esfuerzo.  Las obras de arte están en todas partes, cada uno las puede pensar, visualizar, diseñar y elaborar. La colección de lo hecho es viable. Todos pueden ser artesanos de grandes obras. Esa grandeza surge del hacer cotidiano. 

Cimientos sólidos garantizan el obrar constante. Cada capítulo del hacer de una u otra manera se remonta a los mismos. Hay diversidad de testimonios del hacer como géneros literarios que representan distintas maneras de transmitir. 

Cada testimonio transmite lo que sabe hacer. El obrar es el puente que une lo individual con lo social. Lo personal con lo grupal. El hacer nos une. Nos potencia. Nos hace bien. Nos compromete con el otro, nos vincula al otro. Al hacer nos sentimos vivos. 

La finalidad del obrar marca a las personas. Quienes persiguen un buen fin disfrutan del hacer que lleva hacia ese horizonte. El hacer abre nuevas autopistas emotivas. Descubre nuevos proyectos. El hacer pide prudencia y requiere tolerancia. ¡Tantas lecciones se viven en el hacer!

La creación de obras moderniza corrientes ideológicas. La innovación responde al desarrollo. Las tradiciones culturales se mantienen del obrar actual que las distingue. La memoria cultural revitaliza el presente del obrar. 

Los actos positivos dignifican la vida. Al obrar se da testimonio del querer. Obrar invita a soñar. Al liderar se debe obrar, ese hacer responde al ser. La respuesta conlleva integridad. La obra se aprende a valorar, se aprende a transmitir. En el obrar se aprende a vivir, se aprende a liderar. 

El movimiento del obrar acarrea adhesiones. Todas las relaciones están entrelazadas por el obrar. El cruce del obrar las abarca, las involucra, las contiene, las mezcla, las funde en nuevas acciones. Los acontecimientos surgen del obrar. Los compromisos se materializan en el obrar. Las inquietudes se disipan al obrar. Las certezas llegan al obrar.  

Es importante ambicionar la concreción de obras que ayuden al crecimiento personal y al de los demás. El trazado temporal de la vida de quienes son hacedores puede identificarse por las obras que han realizado en su trayecto existencial. 

Cada época está marcada por sus obras. Cada sociedad está representada por sus obras. El liderazgo vive en las obras que realizan sus ciudadanos. Queda lo que se hace bien. Con los años lo bueno del obrar cobra un destaque valorativo que escapa a la autoría de sus hacedores y forma parte del patrimonio social. 

En el obrar se manifiestan las virtudes. Lo virtuoso fluye en el obrar. Lo bueno necesita del obrar. Animarse a hacer es animarse a crecer. Cultivar el buen obrar es cultivar el liderazgo. Al obrar dignamente se edifica socialmente. 

Por Marcelo Pedroza