Ocotlán, Jalisco

Dentro de las complejidades que le toca enfrentar a la economía mexicana con miras a salir del estancamiento y recuperar el crecimiento para favorecer el desarrollo, el sector empresarial tiene grandes retos y compromisos que debe enfrentar. Más allá de la necesidad de que el gobierno genere las condiciones propicias para recuperar la confianza, afianzar la previsibilidad jurídica e impulsar la educación, la innovación y la infraestructura, el sector privado debe acompañar los esfuerzos y puede generar su propio impulso para dinamizar la economía desde dentro.

Veamos algunos de los retos. La inversión: los empresarios reclaman mucho que no tienen la confianza suficiente para invertir en el mercado mexicano, debido fundamentalmente a la incertidumbre. Pero, paradójicamente, la falta de confianza de los mismos empresarios genera más incertidumbre, por lo que en un entorno así tienen menos certezas para invertir. Mientras los grandes cambios económicos se dan a partir de las crisis, los latinoamericanos están acostumbrados a la especulación, a esperar y ver qué ocurre antes de arriesgarse. Al tiempo de exigir certezas y condiciones idóneas para la inversión, a nuestros empresarios les falta ser más visionarios y apostar más por la propia capacidad.

Mejorar los salarios. Uno de los errores más comunes de la clase empresarial latinoamericana es considerar que su ahorro debe estar en los salarios y no en otras partes de los procesos productivos. La economía mexicana es poco competitiva y tiene problemas de productividad: se produce poco y a elevados costos pese a que los mexicanos son los que más horas de trabajo cumplen dentro de los países que conforman la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). En lugar de seguir con la estrategia de salarios bajos habría que innovar y pensar la forma de mejorar la productividad y pagarle mejor a los trabajadores. Eso ayudaría a recuperar el poder adquisitivo y dinamizar la economía desde dentro.

Innovación. Un gran compromiso pendiente es la inversión en innovación. México sólo destina el 0.5 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) a ciencia y tecnología, muy lejos del cuatro por ciento que invierten países como Corea del Sur. Apostar por el conocimiento, por la ciencia, la tecnología y la innovación es una responsabilidad conjunta, y el sector privado debe acompañar con mucha más fuerza todos los procesos de investigación e innovación. Los empresarios deben aprender a destinar una parte de su presupuesto a la inversión en conocimiento y no sólo esperar que ese trabajo lo hagan las universidades y el gobierno para luego contratar a los expertos pagando bajos salarios.

Y, desde luego, el combate a la corrupción pasa por el compromiso de todos y no sólo por algún discurso rimbombante o una acción aislada. La corrupción y la informalidad están impregnadas en el sector privado de la misma manera que lo están en el sector público, por lo que se requiere de un mayor protagonismo empresarial. Hay que mirar más lo social para hacer negocios, porque solamente mirar el dinero nos ha traído a donde estamos.

Por Héctor Claudio Farina

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