Ocotlán, Jalisco

Hace unos días, Senado estadounidense aprobó el acuerdo del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) y esto generó anuncios sobre la recuperación de la confianza y de las inversiones. El día de hoy el Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó el pronóstico de crecimiento de México para 2020 y lo ubicó en uno por ciento, luego de que en octubre pasado había previsto que el repunte sería de 1.3 por ciento. En tanto que para 2021, el FMI estima que la economía crecerá 1.6 por ciento, lo que significa que seguiremos muy lejos del cuatro por ciento promedio prometido por el gobierno.

Las dos noticias parecen pintar el escenario mexicano: por un lado, la necesidad de recuperar confianza, incrementar las inversiones y con ello apuntar al crecimiento y al desarrollo. Y por otro lado, los pronósticos poco favorables contra los que hay luchar, sobre todo por el entorno internacional complejo marcado por la guerra comercial, la tensión entre Estados Unidos e Irán, así como las elecciones presidenciales estadounidenses y el malestar de algunas economías latinoamericanas.

En 2019, la economía mexicana soportó un estancamiento y para este año y el siguiente no hay visos de una gran mejoría: no se llegará al dos por ciento de repunte, lo cual implica que la economía sigue atrapada en el cerco del crecimiento mediocre. Desde hace tres décadas que el crecimiento promedio es de dos por ciento, lo cual implica que no hay generación suficiente de empleos ni de riqueza. Esto se agudiza por la mala distribución y los altos niveles de pobreza que alcanzan a cerca de la mitad de la población.

El escenario para este año es complejo, ya que el entorno internacional se encuentra en tensión y ello afecta al movimiento comercial. Y en el plano nacional, con la aprobación del T-MEC se espera que el sector privado recupere la confianza y con ello se recuperen las inversiones, los empleos y el dinamismo. Sin embargo, ni los efectos del T-MEC ni las inversiones ni el dinamismo serán inmediatos. Con el acuerdo comercial se tiene una certeza para el comercio y las exportaciones, fundamentalmente, pero falta el acompañamiento interno de medidas que impulsen las inversiones.

Los retos para 2020 son más que interesantes: detonar las inversiones, sobre todo en sectores que generen más empleos como la industria de la construcción; mejorar la calidad de los empleos, lo que implica no sólo continuar con la recuperación de los salarios y los ingresos sino con las certezas y seguridades de los trabajadores; facilitar el acceso a créditos para pequeñas y medianas empresas, lo cual se podría impulsar mediante un nuevo recorte de las tasas de interés por parte del Banco de México, así como un reto importante es iniciar las grandes obras de infraestructura que no han pasado de anuncios.

Pero además de lo coyuntural para lograr crecimiento y desarrollo en el corto plazo, siguen pendientes cuestiones de fondo que requieren atención: la calidad educativa, la ciencia y tecnología, la innovación, la creatividad y el desarrollo de estrategias para la economía del conocimiento. Este año, más que por sus frutos, por sus medidas internas los conoceremos.

Por Héctor Claudio Farina