Ocotlán, Jalisco

Con más de 200 millones de personas en la pobreza, con las economías en picada, y con el cierre de 2.6 millones de empresas, América Latina se enfrenta a la perspectiva de una década perdida debido a los efectos de la pandemia de Covid-19. Esto lo advirtió la semana pasada Alicia Bárcena, secretaria general de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) en una reunión con un grupo de expertos de diferentes organismos internacionales. La alusión se debe a la crisis de los países latinoamericanos, actualmente en el epicentro de la pandemia, y nos remonta a los años 80, cuando el subcontinente tenía deudas impagables, inestabilidad y muchos conflictos internos.

La preocupación de la Cepal no es menor: temen ver una Latinoamérica más pobre, más endeudada, hambrienta y desempleada. Su pronóstico es que la pobreza podría alcanzar al 34.7 por ciento de la población, lo que equivale a 214 millones de latinoamericanos, en tanto la pobreza extrema llegaría al 13 por ciento, es decir a 83 millones de personas en 2020. Y todo esto en un contexto de caída de las economías: se estiman contracciones de 8.7 por ciento para Argentina, 7.5 por ciento para México, 7.4 por ciento para Brasil y 5.6 por ciento para Chile, entre otros. El escenario ya es duro sin contar con la posibilidad de un segundo brote de Covid-19 y una vuelta al confinamiento.

Resulta más que sintomático que la pandemia haya golpeado al subcontinente más desigual del mundo en un momento de malestar, de protestas y de enojo. Chile, Bolivia, Ecuador, y Colombia vienen arrastrando complejas situaciones intestinas debido a la desigualdad, a la crisis de representación política y al enorme descontento de la gente que está cansada de la corrupción y de los malos gobiernos. Con la pandemia, no solo se agudizaron los malestares sino que brotaron más enojos en contra de privilegios, exclusiones y la precariedad en la que viven millones de personas.

La advertencia de la Cepal sobre la década perdida nos confronta con una historia conocida: no sólo una sino muchas décadas perdidas debido a la corrupción, a la mala administración de los recursos públicos y a una miserable inversión en lo fundamental para la gente: salud y educación. Y no sólo debemos pensar esto en el contexto latinoamericano, sino desde espacios más particulares como la economía mexicana, la economía regional e incluso la economía familiar.

No sólo conocemos la historia de décadas perdidas por una coyuntura económica sino de generaciones completas que no pudieron emerger debido a la mala calidad educativa, a la exclusión sistemática de los sistemas educativos y de salud, así como a la escasa movilidad social que en el caso de México es de apenas 4 por ciento: sólo 4 de cada 100 mexicanos nacidos en la pobreza tienen la oportunidad real de llegar al segmento de los ingresos más altos de la economía.

Por la pandemia podemos perder otra década. Pero ya no debemos perder generaciones ni décadas ni años debido a la escasa inversión educativa ni al insuficiente apoyo a la ciencia. De esta crisis no saldremos con el viejo modelo de vender materia prima, ahora necesitamos otra materia fundamental: el conocimiento.

Por Héctor Farina Ojeda