Ocotlán, Jalisco

Mientras el coronavirus se sigue expandiendo y se calcula que tendrá mermará en 0.1 por ciento el crecimiento de la economía mundial, en América Latina hay señales de alerta para este año. Hace unos días, Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), dijo que hay cinco grandes riesgos que enfrenta la región: el crecimiento magro, la debilidad comercial, el deterioro de la formación bruta de capital fijo, la mala calidad del empleo y los bajos niveles de inversión.

Bárcena expuso que para 2020 el pronóstico de crecimiento latinoamericano es de 1.3 por ciento, con lo que en total se sumarán siete años de un repunte magro con un promedio de 0.5 por ciento anual. Dijo que esto nos acerca a una década perdida. En el segundo punto, la disminución de la actividad comercial se percibe en una reducción de las exportaciones en dos por ciento, en tanto las importaciones cayeron tres por ciento el año pasado.

En el tercer aspecto señalado por la directiva de la Cepal aparecen la disminución del valor de los activos fijos adquiridos o producidos en 2019 debido a la caída de la demanda y el consumo. El cuarto factor de riesgo es el empleo: en América Latina el 52 por ciento de los puestos de trabajo son informales, lo que quiere decir que no tienen seguridad ni prestaciones, además de que estos empleos son marcados por la inestabilidad que limita las mejorías.

Y el quinto factor destacado por Alicia Bárcena es la inversión. En 18 de las 20 economías latinoamericanas hubo una desaceleración de las inversiones, con la excepción de Colombia y Perú. Estos factores de riesgo hay que considerarlos en el contexto de economías que dependen mucho de las materias primas, que tienen niveles de pobreza que en algunos casos superan el 50 por ciento de la población, así como de una marcada desigualdad de ingresos, de riqueza y de acceso a la educación y la salud.

En América Latina no sólo tenemos problemas de crecimiento sino de distribución y equidad: es el subcontinente más desigual del mundo, en el que conviven fortunas multimillonarias concentradas en pocas manos y una enorme pobreza que limita el desarrollo de gran parte de la población. A esto le sumamos un momento complejo en el que hay malestar, convulsiones internas, inestabilidad e incertidumbre. Todo esto en una región que requiere con urgencia minimizar la desigualdad y revertir la pobreza y la precariedad.

La Cepal señala que una de las soluciones para América Latina es buscar la igualdad y la incorporación de las mujeres al mercado laboral en condiciones justas y equitativas. La desigualdad latinoamericana afecta a las mujeres, a las minorías, a las comunidades alejadas, y a un gran número de personas debido a que vivimos en un sistema de privilegios y exclusiones, en donde los privilegiados son pocos y los excluidos muchos.

Para el caso de México también nos urge nivelar el escenario, ser menos desiguales e injustos y comenzar a potenciar los factores que impulsan el crecimiento y el desarrollo. Nos hace falta invertir más en educación y en la gente. Nuestra riqueza está en la gente.

Por Héctor Claudio Farina