Ocotlán, Jalisco

La recuperación económica de la crisis por la pandemia tardará mucho más que otras recuperaciones que se dieron luego de otras crisis. Mientras algunos analistas del sector privado consideran que apenas en 2023 México estaría en las mismas condiciones previas a la pandemia, algunos organismos como la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) hablan incluso de una década perdida para los países latinoamericanos. Sin embargo, en el contexto del empeoramiento de muchos pronósticos, también hay noticias alentadoras como la que hace referencia a que la economía mundial se está recuperando a un ritmo superior al pronosticado, de acuerdo a los analistas de Deutsche Bank.

La cuestión de la recuperación de la economía todavía se encuentra en ciernes, en medio de una pandemia que no ha sido controlada y que ya está mostrando la gravedad de los contagios en la segunda ola, fundamentalmente en países europeos. Esta situación de crisis sanitaria tampoco tiene una fecha cierta para que sea superada, en tanto algunos pronósticos basados en la aceleración de las pruebas con vacunas y en su aprobación para que se pueda inmunizar a la gente estiman que podría ser a mediados o finales de 2021cuando se retorne a la normalidad prepandemia.

Al no tener certezas sobre los tiempos en el que serán superadas la crisis sanitaria y la económica, desde el punto de vista de la reactivación nos encontramos con que los tiempos prioritarios son los urgentes y los de mediano plazo. Los urgentes apuntan a todos aquellos sectores que han sufrido una contracción, que han cerrado, perdido empleos e ingresos, y que requieren volver a la actividad para seguir en el mercado. Esta urgencia se vuelve más aguda desde lo social: los que perdieron su trabajo, los que perdieron sus fuentes de ingresos, los que se endeudaron y sobreendeudaron para sobrevivir, los que ya estaban en la pobreza y se volvieron más pobres durante la pandemia.

Hay enormes necesidades por atender en las microempresas, en los negocios familiares, el comercio, el turismo y toda la economía informal que genera muchos puestos de trabajo y que han tenido que parar o que simplemente se quedaron sin oportunidades en medio de la contingencia. Los sectores más vulnerables, los más empobrecidos, son precisamente los que menos condiciones tienen para soportar una crisis. Y es hacia ellos a donde hay que mirar con urgencia en busca de soluciones, de reactivaciones y oportunidades.

En el mediano plazo seguramente quedarán muchos emprendimientos ya previstos antes de la pandemia. También las inversiones y los proyectos que esperan un poco de estabilidad para emerger. Nuestro mediano plazo está atrapado en la recuperación, en el rebote después de la crisis, por lo cual también será limitado y condicionado. Lo peligroso en esta situación es que uno de los problemas añejos es la falta de visión de mediano y largo plazo, la falta de planificación hacia el futuro. Y con un presente lleno de urgencias, no creo que la planificación de largo aliento emerja.

Los siguientes años requerirán de mucha empatía, de economía solidaria, de inversiones internas y de un buen aprovechamiento de los recursos. Pero habrá que aprender a echarle mano a lo urgente mientras se vislumbra el futuro.

Héctor Farina Ojeda