Ocotlán, Jalisco

Una de las noticias más preocupantes para la economía mexicana es la desaceleración del consumo. Hace unos días el Banco de México (Banxico) advirtió que el estancamiento económico refleja un menor nivel del consumo doméstico, así como una pérdida de fuerza en las inversiones. Esto quiere decir que además de que la economía tuvo un crecimiento igual a cero en el segundo trimestre del año, hay una disminución del consumo interno, es decir que la gente está comprando menos debido a los temores de que en el futuro la economía no mejore. Cuando la gente tiene dudas sobre el futuro cercano de la economía, una reacción lógica es que comience a disminuir sus compras y priorice lo más importante.

La explicación del Banco de México sobre el menor consumo contrasta con el discurso del gobierno sobre que hay una mejoría en la economía popular aunque los pronósticos de crecimiento sean negativos. Como ya lo hemos venido hablando, todavía hay una marcada falta de confianza que hace que la iniciativa privada no esté convencida de invertir ahora, por lo que las inversiones no detonan y con ello se resienten el crecimiento, la generación de empleos y la distribución de ingresos para la gente.

Nuevamente parece que estamos en medio de dos corrientes: por un lado, la economía está estancada, no llegan las inversiones, se frenan los empleos y los pronósticos siguen yendo a la baja; por el otro lado, hay un aumento en el salario mínimo, una inflación controlada -ya que los precios no han subido mucho-, así como un oxígeno externo importante gracias a las remesas y las exportaciones. Y entre estas corrientes se encuentra el consumidor que navega entre una lenta recuperación de su poder adquisitivo y los temores de que la economía no mejore, con lo cual tiende a disminuir su consumo y mantenerse cauteloso ante lo que ocurra.

En momentos en los que los pronósticos no son favorables y que hay mucha incertidumbre en el contexto internacional, más que nunca se necesita fortalecer el mercado interno y potenciar el consumo. Es por eso que la disminución de los niveles de consumo es una señal de alerta y requiere medidas para que la gente tenga confianza para consumir, y mejores ingresos para cubrir sus necesidades.

En este sentido, no basta con tener precios relativamente estables y leves mejorías en los salarios: es necesario hacer crecer la economía para que en la generación de más riqueza exista la posibilidad de crear más empleos y pagar mejores salarios. México tiene 53 millones de personas en la pobreza, en tanto la mitad de la población no percibe ingresos suficientes para estar por encima de la línea de bienestar, es decir para cubrir sus necesidades de alimentación y de adquisición de bienes y servicios. Y para esta población empobrecida, la recuperación de su poder de consumo es vital.

A los 485 mil millones de pesos que va a invertir el gobierno y a la reducción del costo del dinero para facilitar préstamos es urgente sumarle un ingrediente decisivo: confianza. Los empresarios la necesitan para invertir y los ciudadanos para consumir. El impulso del crecimiento y sobre todo de las oportunidades en el mercado laboral son urgencias para recuperar el consumo y la calidad de vida de la gente.

Por Hector Claudio Farina