Ocotlán, Jalisco

Justo cuando se cierra el año 2019 con una economía estancada y con un mal pronóstico de crecimiento para 2020, la firma del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) envía una señal poderosa de certidumbre sobre la relación con los mercados de los vecinos del norte, fundamentalmente con Estados Unidos que representa el destino de más del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas. Luego de un largo periodo de incertidumbre que se evidencia con la paralización de numerosas inversiones, el mensaje ahora apunta a que vuelvan las certezas, los proyectos y el dinamismo interno.

Para ubicar el contexto de la economía mexicana: no habrá crecimiento económico este año y para 2020 se espera apenas 1.2 por ciento de repunte. Los empleos no se están generando en la suficiente medida y las inversiones siguen a la expectativa debido a que el sector privado no encuentra la confianza que busca. Y dentro de las señales que se esperaban, el T-MEC representa una certidumbre en cuanto a los mercados y las facilidades para el comercio. Aunque, debemos saberlo, ningún acuerdo es garantía total ni resuelve mágicamente los problemas internos.

En este sentido, el momento es ideal para que sea el punto de inflexión y se revierta la tendencia al estancamiento. Al tener certeza sobre el acuerdo -a pesar de las sorpresas por la cuestión de los monitoreos laborales-, el sector privado debería recuperar parte de la confianza y comenzar a invertir, sobre todo en aquellos sectores que estaban a la expectativa del acuerdo. Pero hay que ser muy claros: la señal del T-MEC es muy poderosa pero no es suficiente, pues la confianza se construye fundamentalmente desde dentro, con reglas claras, con apoyo a la inversión, con certidumbre para los que emprenden.

El acuerdo es importante pero los resultados difícilmente se verán en el corto plazo. Para 2020 los pronósticos son de lenta recuperación, aunque se podría utilizar la coyuntura para acelerar los motores internos: es tiempo de detonar la inversión pública, las obras de infraestructura y de facilitar las condiciones para que el sector privado retome e impulse proyectos. Una de esas medidas debe apuntar a seguir bajando las tasas de referencia para los intereses, como una manera de facilitar créditos para las pequeñas y medianas empresas.

Con más calma por el entorno cercano, ahora es tiempo de impulsar el dinamismo desde dentro y revisar la agenda pendiente: competitividad, productividad, calidad educativa, ciencia y tecnología, obras de infraestructura, generación de empleos, recuperación de los buenos salarios y del poder adquisitivo.

El T-MEC es un buen marco de referencia para impulsar la economía pero por sí sólo no alcanza. Más que nunca el repunte dependerá de lo que se haga en el mercado interno para terminar de generar confianza y sentar las bases para los siguientes años. Es ahora cuando se verá si, efectivamente, hay más desarrollo y si se puede recuperar el crecimiento.

Por Héctor Claudio Farina