El repudio en México por haber abierto las puertas de la residencia presidencial de Los Pinos a Trump, cuya retórica anti-inmigrante ha llegado a adjetivos como “violadores” y a la amenaza de una muralla fronteriza infranqueable, cundió con efecto dominó hasta tumbar al ministro de Hacienda (Finanzas) Luis Videgaray, conocido como el arquitecto del gobierno de Peña Nieto.

Entre el escándalo de haber sido el promotor y contacto para el encuentro entre el mandatario y el candidato republicano, Videgaray presentó su renuncia el miércoles, un movimiento que Trump no tardó en capitalizar.

“Les dejé claro cuál es la posición de Estados Unidos”, dijo el magnate haciendo referencia a su visita en México, durante un foro televisivo con su rival demócrata Hillary Clinton.

“Si observan lo que pasó, las repercusiones de hoy (miércoles), la gente que organizó el viaje en México ha sido expulsada del gobierno. Así de bien lo hicimos”, recalcó.

Este jueves, sin embargo, en un discurso radicalmente suavizado, Trump dijo en Twitter que “México perdió a un ministro de Finanzas brillante y un hombre maravilloso”, con el que Estados Unidos “hubiera hecho estupendos acuerdos”.

Pero para el analista político José Antonio Crespo, “Trump se burla, como era esperable”, en una actitud que dice “voy a humillarlos, voy a reforzar nuestro propio discurso ante el mexicano”.

En aquel fatídico encuentro del 31 de agosto, que culminó en una conferencia de prensa hombro a hombro, Trump defendió su derecho de construir otro muro fronterizo, mientras Peña Nieto denunció tibiamente los improperios del magnate contra los inmigrantes mexicanos y reaccionó tardíamente en Twitter sobre su oposición -expresada sólo en privado- a que México pague el muro.

Al ser recibido con todo el protocolo, Trump se llevó de México la oportunidad de verse presidenciable y sumar una foto más para su campaña, mientras que Peña Nieto se quedó esquivando una lluvia de críticas y hasta señalamientos por “traición” de parte de políticos, artistas e intelectuales.

En una acalorada entrevista, el director general editorial de Grupo Milenio, Carlos Marín, acorraló al mandatario cuestionándole por haber recibido a Trump en su casa, donde “este miserable se vomitó”.

De su lado, Peña Nieto justificó su decisión defendiendo el “diálogo” por encima de “la estridencia”, sacrificando la popularidad en pro de la “responsabilidad” como jefe de Estado.

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