Ciudad de México, México.

La ingeniera mexicana Ana Paulina Gómora Figueroa, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), proyecta almacenar el dióxido de carbono (CO2), el gas que más contribuye al calentamiento global, en basaltos de México como una alternativa contra la polución.

“El proceso consiste en disolver el CO2 en agua, la cual se vuelve ácida, y luego se inyecta en el subsuelo, en donde reacciona con el basalto, que de roca ígnea se transforma en sedimentaria”, explicó a Xinhua la investigadora de la Facultad de Ingeniería de la máxima casa de estudios de México.

De acuerdo con un mapa de ruta tecnológica, elaborado por la Secretaría de Energía (Sener), los principales focos de emisión de dióxido de carbono en el país se ubican del centro hacia el sureste, que es una región rica en basaltos.

México se encuentra entre los 15 países con más emisiones de CO2 en el mundo y es altamente vulnerable a sus impactos, de acuerdo con el Instituto Mexicano para la Competitividad y la Iniciativa Climática de México.

En el mundo, mencionó la experta, hay ocho puntos con gran cantidad de basaltos y México es uno de ellos; toda la Franja Volcánica Transversal Mexicana, que va del Océano Pacífico al Golfo de México, es rica en roca ígnea.

“En esa región se concentran las industrias más contaminantes como la eléctrica, cementera y petrolera, cuyas emisiones podrían capturarse para su almacenamiento antes de su dispersión a la atmósfera”, explicó Gómora Figueroa.

Por ello, la académica de la Facultad de Ingeniería, estudia la composición geoquímica y las propiedades de algunos basaltos superficiales y cómo interactúan con el fluido CO2.

Estas rocas ígneas volcánicas son ricas en óxido de silicio, uno de los elementos más abundantes en la corteza terrestre y también contienen, entre otros elementos, hierro, magnesio y calcio.

“Entre mayor sea la cantidad de estos metales y menor la de silicio, el basalto es mejor candidato, al menos químicamente, para que reaccione con el dióxido de carbono”, indicó.

Para realizar el proceso de mineralización, el basalto se coloca en agua con burbujeo constante de dióxido de carbono.

El siguiente paso es realizar el mismo proceso en el laboratorio, empleando celdas a altas presiones y temperaturas.

“Se pasteuriza y calienta el basalto, agua y CO2 en la celda sellada y después de días, se analiza qué tanto se transformó la roca” , abundó.

Lo que se estudia muy de cerca, destacó la ingeniera, es que el dióxido de carbono diluido en agua pueda viajar a través de los poros y fracturas de la roca, que no se quede en la superficie.

En el caso de que se pueda almacenar CO2 en basaltos en México, será necesario contar con patrocinadores para explorar el potencial del subsuelo, completarlo con un estudio legal e incluir la participación de la población.

Además, la especialista mexicana explicó que el proyecto podría asociarse también, a largo plazo, a la industria petrolera.

“Puede ser posible que un centro de almacenamiento de CO2 se encuentre cercano a un yacimiento o algún conjunto de pozos donde pudiera utilizarse el gas de efecto invernadero para el incremento de factor de recuperación de hidrocarburos”, refirió.

Si en algún momento llega un exceso de CO2, que el yacimiento no utilice, entonces éste se podría desviar e inyectar en los basaltos.

“En este caso, el reto será encontrar a los socios interesados en invertir en este tipo de proyectos, por lo menos en un pozo petrolero que nos permitiera hacer una prueba de este tipo”, agregó Gómora Figueroa.

En 2016, la concentración atmosférica de CO2 alcanzó 403,3 partes por millón (ppm), por encima de los 400 en 2015, y representa actualmente el 145 por ciento de los niveles industriales, antes de 1750, de acuerdo con la Organización Mundial de la Meteorología (OMM).