La novedad de estas campañas en el panorama electoral mexicano frente al ciudadano convertido en consumidor de mercancía política fue el movimiento #YoSoy132, que surge espontáneamente frente al rechazo y las posturas autoritarias de un candidato y su equipo. #YoSoy132 fue un “aire fresco, una variable política imprevisible”, dice Roberto Castelán en su colaboración para Medios UDG Noticias con Karla Planter.
Si los jóvenes pedían libertad de expresión es porque no son considerados por los medios de difusión, porque para los medios están ahí para ser formados como consumidores, agrega Castelán.
El repudio al candidato priísta es porque Peña no es un candidato normal a la presidencia de la República, no es un ciudadano que gracias a sus aspiraciones pueda ser candidato, sino que detrás de él está todo un programa político de una clase política, económica y social que busca control oligárquico sobre la economía y la política de México, dice Castelán.
Si se razona, el movimiento #YoSoy132 es algo más que un simple movimiento político a la usanza de la política mexicana. Por ello provocó reacciones de invisibilidad, “un juego fascista de ‘vamos a ignorar que están ahí'”, de los medios de comunicación tradicionalmente “libres y democráticos”, que los ignoraron, así como el despliegue de censores oficiales, dice Castelán.

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