Se ha vuelto un lugar común las ofensas al jugador rival entre el público que asiste a los eventos deportivos. México ha sido conocido en el mundo por su comportamiento festivo en los estadios, desde “la ola”, el “chiquiti-boom”, el “sí se puede”, o cánticos como “Cielito lindo”. Sin embargo, los espectadores en la tribuna han pasado de la fiesta a la ofensa, en particular al grito de “puto” cuando en el futbol, el portero se dispone a despejar el balón de su meta. Pero esta ofensa ha permeado en otros deportes, en otros lugares y contextos, hasta volverse un comportamiento social digno de un serio análisis. Más allá de la catarsis propia de los deportes, está en muchas ocasiones la violencia escondida. Al respecto, la colaboración de Rogelio Campos, analista político y director de Medios UDG.

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