“Hace algunas semanas, en el camellón de la Avenida Lázaro Cárdenas, decenas de árboles fueron brutalmente mutilados. Coincidentemente, los principales favorecidos de este crimen serían los propietarios de los anuncios espectaculares de la zona, que ahora, sin “el estorbo de los árboles”, ya pueden ser vistos con mayor facilidad por los automovilistas.
Sucede que el paisaje urbano es un valor ambiental, formado por elementos naturales y culturales que configuran la imagen de una ciudad. El paisaje urbano es un bien colectivo y es un valor jurídicamente protegible. En algunas ciudades, como Barcelona, España, el paisaje urbano es definido como un elemento digno de protección que responde a la conciencia cultural y estética de sus habitantes”, dice Rogelio Campos, analista político y director general de Medios UDG en el noticiero con Karla Planter.

Agrega Campos que “La publicidad exterior es un negocio privado -que beneficia a pocos- con cargo al paisaje urbano: distrae a los automovilistas genera contaminación visual y ahora también propicia la tala de árboles. La industria de la publicidad exterior está reñida con la responsabilidad social. Debemos, pues, exigir un plan para ordenar y abatir al mínimo los espectaculares en la Ciudad. Entre otras acciones, urge contar con un censo real de todos los espectaculares (legales e ilegales), retirar aquellos que no cuentan con autorización o que no han pagado los refrendos o renovaciones, establecer una veda que nos lleve a que no haya un espectacular más, elevar considerablemente el costo de las licencias y cobrar una tasa de impuesto predial significativamente más alta para las propiedades que tengan instaladas las estructuras”.

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