“El candidato priista fue exhibido como gobernante inepto, corrupto, inescrupuloso y la carta principal del grupo oligárquico, pero fue capaz de sobreponerse a sus propias limitaciones y no se desplomó en un debate que es definitorio, aunque no definitivo. La elección presidencial no está resuelta, pero el debate –y sobre todo el posdebate– no socializó la falibilidad de Peña Nieto por la falta de contundencia de sus rivales, pero también por la red de protección tramada por los consejeros priistas del Instituto Federal Electoral (IFE), las televisoras, Gabriel Quadri –testaferro de Elba Esther Gordillo– y hasta la edecán nudista”, dice Álvaro Delgado en su colaboración para Medios UDG Noticias con Víctor Chávez.

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