Humanidad faltaba tragicomendia virus Miguel Gonçalves
Fotografía: EFE - Andrés Iamartino
Lisboa, Portugal

El coronavirus “es la tragicomedia que le faltaba a la humanidad”, afirma el director de cine portugués Miguel Gonçalves en un entrevista con EFE, en la que reflexiona sobre la capacidad de la COVID-19 para generar lo mejor y lo peor en dos futuros posibles: unión para hallar la cura o nacionalismo.

Optimista y con buen humor a pesar de las semanas de encierro en Lisboa, Gonçalves (Covilhã, 1978), asiste con incredulidad a las andanzas diarias de un mundo golpeado por la pandemia. Si tuviera que filmarlo, vería una película distinta por país y una tragicomedia en términos generales.

“En el caso portugués no sé si sería una película muy interesante, porque las personas se portaron muy bien (…) Piensa en el caso de la India, con policías enmascarados atizando personas, sería ridículo; en el caso de Brasil, donde el presidente (Jair Bolsonaro) dice que es un gripe de nada y tose encima de las personas, o Trump”, dice en referencia al presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

“Nadie imaginaba que en el mundo occidental un líder iba a aconsejar a las personas que se inyecten lejía. Esto es surrealista. Es tan surrealista que no se cree que sea real. Por tanto, creo que sería una tragicomedia, el virus es la tragicomedia que le faltaba a la humanidad”, apunta.

El autor del documental “José y Pilar” (2010), que retrata dos años de la vida del desaparecido Nobel de Literatura luso, José Saramago, y su pareja, la periodista española Pilar del Río, confiesa que le cuesta “pensar en una nueva normalidad”, imperativa hasta que aparezca una vacuna.

“Creo que vamos a tardar un año más en comprender lo que va a ocurrir”, advierte Gonçalves, y que la nueva normalidad “va a tardar algún tiempo en ser definida”, mientras crece el ansia de la sociedad por relajar las restricciones “lo máximo posible”.

Deja una ristra de avisos, especialmente sobre la “memoria muy corta” de la sociedad, de la que depende, en su opinión, que esta crisis vaya a ser un antes y un después para el mundo.

“Yo en la fase inicial imaginaba que el mundo iba a ser diferente”. Pero a esta altura considera que puede ser “como esas pasiones platónicas que duran dos meses y es horrible, pero pasados diez años no nos acordamos”.

Hasta ahora, dice, “nada prueba que vaya a ser un mundo nuevo”. Un confinamiento de uno o dos meses “tampoco cambia el chip mental”.

Gonçalves cree que volveremos a los viejos hábitos, sin replantearnos “por qué todos nosotros tenemos que tener un iPhone nuevo todos los meses” o “camisetas que solo duran dos meses o una temporada”, aunque espera que se modifiquen algunas formas de explotación económica, como los alquileres turístico, que destruyeron “la vida de la mitad de los portugueses”.

Portugal “es objetivamente un país pobre” que “no tiene recursos naturales, no tiene mercado” y que en los últimos años, para superar la crisis se centró solo en el turismo, que generó dinero fácil.

Ahora el país vuelve a tener notoriedad internacional por su gestión de la COVID-19, elogiada al dejar un balance de poco más de 1.000 fallecidos en una población que ronda los 10 millones.

Un éxito que comenzó con una reacción rápida y con un contundente mensaje del primer ministro, António Costa, quien “fue muy inteligente” en su primer discurso a la nación. Dijo “que estamos luchando por nuestra propia supervivencia”.

Y con eso “no necesitó decretar el estado de emergencia”. “Básicamente dijo: ‘amigos, o nos protegemos o vamos a morir”, sostiene Gonçalves.

Y de ahí vino la que es a su juicio la gran diferencia de Portugal: la unión ante la amenaza.

“Fue unánime que los portugueses nos teníamos que encerrar en casa. Fue unánime (saber) que los portugueses tenemos un sistema de salud que tiene debilidades que toda la gente conocía y que no podía colapsar”, enfatiza.

Sobre cómo será el futuro, asegura con una sonrisa: “todo pueede empeorar, todo puede mejorar”.”El riesgo de volver atrás está ahí, basta que gane el líder equivocado”, señala.

“La verdad es ésta: no podemos olvidar que en este momento en Hungría, en Polonia, tenemos en la práctica dictadores. Y Europa no abre la boca sobre esto. Imagina que en España la situación se debilita tanto que tenemos un gobierno de Vox, tendremos de nuevo el fascismo en España”, apunta.

Para Gonçalves, el coronavirus prueba “que los problemas son transversales” y esto puede abrir dos caminos: “puedes poner a todos los científicos del mundo a trabajar en favor de esto, buscando un remedio, o puedes cerrar fronteras, cada uno se salva a sí mismo, y entramos también en la cuestión de la solidaridad”.

Y sobre cómo saldrá la cultura de esta crisis, cree que puede afectar especialmente a la literatura. “En narrativa, en términos de construcción del mundo que nos rodea, es obvio que habrá un antes y un después del coronavirus. Ahora, si las películas serán sobre eso no sé. Porque van a mostrar, ¿qué? ¿Un mes de confinamiento en casa?”, se pregunta.