Recientes escándalos como el de los Panamá Papers o el de la filtración de la Lista Nominal del INE, han puesto a pensar a muchos ciudadanos del común, a organizaciones internacionales y a legisladores y gobiernos sobre un tema crucial en esta era digital en que vivimos: ¿en manos de quién está nuestra información?, ¿qué están haciendo con ella?

Y aunque nos cueste creerlo, el más preciado activo que tenemos actualmente, nuestra información, está en manos de cinco grandes compañías que hemos incorporado voluntariamente a nuestra cotidianidad:

Apple, Alphabet (que es el nuevo nombre de Google), Microsoft, Facebook y Amazon; ésta última muy mencionada en México por estos días a raíz del escándalo en la filtración de la Lista Nominal — con 93,4 millones de registros de datos de los votantes mexicanos — del Instituto Nacional Electoral.

Los valores bursátiles de dichas compañías, que es el valor total de todas las acciones de una empresa que cotiza en bolsa son los siguientes:

  • Apple Inc. 510 billones de dólares
  • Alphabet Inc. 509 billones de dólares
  • Microsoft Corp. 426 billones de dólares
  • Facebook Inc. 318 billones de dólares
  • Amazon.Com Inc. 270 billones de dólares

El valor bursátil de las 5 suma un total de 2.043 billones de dólares, lo que las convierte en gigantes grupos de presión para gobiernos como el de los Estados Unidos de América y Europa; y a sus directores ejecutivos como los hombres más importantes a nivel empresarial de la historia.

Si comparamos estos gigantes con las 5 empresas más grandes de México, nos encontramos con una brecha difícilmente equiparable en el tiempo:

La suma del valor bursátil de las 5 compañías mexicanas más grandes (entre ellas solo 1 de telecomunicaciones: América Móvil), es de 242.000 millones de dólares, apenas un 12% del valor bursátil de las 5 más grandes a nivel mundial.

Con este panorama, resulta complicado pensar que la denuncia penal interpuesta ante la Fiscalía Especial para la Atención a Delitos Electorales — FEPADE — por el partido Movimiento Ciudadano, surta algún efecto en estrados norteamericanos y pase simplemente a engrosar la lista del anecdotario político mexicano, como ocurrió ya con la filtración de la que fue ‘victima’ el IFE en 2013.

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