Irak
Fotografía: AFP
Bagdad, Irak.

a suerte del primer ministro iraquí, Adel Abdel Mahdi, estaba este miércoles en manos del Parlamento, que negocia su dimisión, mientras que manifestantes reclaman la “caída del régimen” tras 240 muertos que deja la violencia en las protestas.

Concentrados en la plaza Tahrir de Bagdad y en varias ciudades del sur, los manifestantes han desafiado el toque de queda en las últimas dos noches, y vigilan las maniobras políticas, advirtiendo que sólo aceptarán la salida del gobierno.

En la noche, el jefe de los paramilitares de Hachd al Shaabi en el Parlamento, Hadi al Ameri, que hasta entonces había apoyado a Abdel Mahdi, dijo aceptar “trabajar” con el influyente líder chiíta Moqtada Sadr, quien reclama desde inicios de octubre la dimisión del gobierno, que había ayudado a formar hace un año.

El miércoles, Sadr instó a Al Ameri a actuar, so pena de “transformar Irak en Siria o en Yemen”, donde las protestas contra el gobierno desencadenaron una guerra civil.

– “El poder del pueblo” –

Irak
Fotografía: Sabah Arar – AFP

La situación de Abdel Mahdi, un independiente sin base partidista ni popular de 78 años, debe ser decidida en el parlamento, en sesión abierta hasta nueva orden.

El parlamento lo llamó el martes a comparecer “inmediatamente” para lo que podría convertirse en sesión de preguntas y luego en voto de desconfianza, según varios diputados.

Abdel Mahdi no ha reaccionado hasta ahora a este llamado. El parlamento tampoco indicó cuándo reanudará su sesión.

“Pero normalmente, el que tiene el poder es el pueblo! Él es el que tiene el poder, es el pueblo. Él es el que los ha llevado a todos al poder!”, afirma Athir Malek, quien llegó de Diwaniya, 200 km al sur de Bagdad, para sumarse a la multitud en la plaza Tahrir.

“Van a reemplazar a Abdel Mahdi para llevar a alguien de otro partido que será parecido”, dice temer este iraquí de 39 años.

“Queremos recuperar el país que nos han robado”, agregó otro manifestante, Husein Nuri, de 55 años.

“Debido a ellos faltan escuelas y hospitales, por eso es necesario que renuncien todos y que se forme un gobierno de salvación nacional”, dice Alaa Khdeir, de 63 años.

Desde el inicio del movimiento el 1 de octubre, los manifestantes iraquíes no han dejado de repetir que rechazaban toda recuperación política.

Para ellos, la caída del gobierno no es suficiente. Es necesario renovar la totalidad de la clase política que llegó al poder tras la caída del dictador Sadam Husein en 2003 y que no ha cambiado desde entonces.

Dicen querer acabar con el complicado sistema de repartición de puestos por confesión o etnia carcomido por el clientelismo, y aseguran que es necesaria una nueva Constitución.

Además, que los “peces gordos” de la corrupción devuelvan el equivalente de dos veces el PIB de Irak -segundo productor de la Opep-, suma evaporada desde 2003 en un país considerado uno de los más corruptos del mundo.

– ¿Pausa? –

Irak
Fotografía: AFP

En la plaza Tahrir, los manifestantes abogan por continuar este primer movimiento social espontáneo post-Saddam, mostrando su determinación a pesar de la violencia.

En la primera semana de protesta, del 1 al 6 de octubre, hubo oficialmente 157 muertos, la mayoría manifestantes que recibieron tiros de las fuerzas del Estado, sin que nadie haya sido detenido.

El jueves se reanudó la protesta con manifestaciones enormes, menos mortíferas y más efectivas, y la paralización de universidades, escuelas y otras instituciones. Por las noches se registraron actos de violencia contra los cuarteles generales de partidos y milicias.

La renuncia o destitución de Abdel Mahdi sería “visto como un punto de inflexión por los manifestantes”, afirmó a la AFP María Fantappie, del centro de reflexión Crisis Group (ICG). Pero eso podría marcar “una pausa en lugar de un fin del movimiento”, advirtió.

Fantappie señala que “una futura elección con la misma ley electoral traería las mismas caras al parlamento y las mismas negociaciones para encontrar un primer ministro”, en una asamblea fracturada, cuyos miembros se acusan mutuamente de lealtad a Irán, Estados Unidos, Arabia Saudita o Turquía.

El Guía supremo iraní, el ayatolá Ali Jamenei, aseguró el miércoles que los libaneses -cuyas protestas provocaron la renuncia del primer ministro- y los iraquíes tienen reivindicaciones “justas”, pero deben formularlas “en el marco de la ley”.