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Fotografía: AFP
Madrid, España.

Tristeza, preocupación, desgarro… El referendo de autodeterminación de este domingo en Cataluña despierta reacciones de todo tipo en el resto de España.

En vísperas de la consulta, prohibida por la justicia, podían verse numerosas banderas españolas en los balcones de varias ciudades, y en muchas regiones era visible el recelo, salvo en el País Vasco, la más autónoma de todas.

“El resto de España está preocupado con la cuestión desde el verano. Antes no la consideraban como una cuestión importante”, destaca Lluis Orriols, politólogo en la Universidad Carlos III de Madrid.

Hoy día, y por miedo a que se materialice una secesión, “la mayoría de los españoles están en contra del referéndum”, el 75%, según los sondeos.

Según él, el hecho de que “el gobierno regional (catalán) sea independentista provoca que desde España se perciba a los catalanes como afines con la secesión”, cuando en realidad el 55% de ellos rechazan esta opción, añade citando sondeos.

La preocupación es especialmente fuerte en Aragón y la Comunidad Valenciana, dos regiones vecinas de Cataluña.

“En el caso de que Cataluña se independizase la principal víctima va a ser Aragón, porque tienen muchos lazos, es una frontera que no existe, no se sabe dónde empieza Aragón y dónde empieza Cataluña”, apunta el periodista y novelista Sergio del Molino, residente en la capital aragonesa, Zaragoza.

“Hay regiones como Aragón que han sufrido secularmente el abandono por parte del Estado”, por lo que sus coterráneos “no entienden cuáles son las reclamaciones catalanas”, añade el autor de “La España vacía”, un ensayo sobre el éxodo rural que vivió el interior del país en el siglo pasado.

Amador Peset, que cultiva olivos milenarios en Traiguera, en la Comunidad Valenciana, cuenta que el sentimiento predominante es el de “tristeza, porque somos vecinos”.

“Mi hermano y mi abuela que viven en Barcelona piensan que es una locura (…) Compro mis botellas y mis etiquetas en Cataluña, sería muy difícil para exportar” el aceite de oliva, cuenta.

– Lazos familiares “intensos” –

Las consecuencias económicas de una secesión por parte de una región que representa el 19% del PIB español da auténtico miedo en regiones con un nivel de renta mucho más bajo, como es el caso de Extremadura.

Allí, Ignacio Montero, presidente de la cooperativa de productores de cerezas del valle del Jerte, teme la eventual pérdida de “un mercado de tránsito para exportar nuestra fruta a Italia y Francia. La independencia sería una catástrofe para nosotros. Perderíamos todos, además de la unidad de España”.

También hay un sentimiento de alarma en Andalucía, debido a los “lazos familiares muy intensos entre las dos regiones”, explica Manuel Peña, profesor de Historia Moderna en la Universidad de Córdoba.

“Estimamos que un millón de andaluces emigraron (a Cataluña) desde los años 1960. Estaban considerados ciudadanos de segunda, y el discurso ha vuelto con eso de ‘no queremos mantener a los andaluces que no trabajan’. Esto no provoca una subida del andalucismo, pero del españolismo sí; hay muchas banderas españolas en la calle”, añade.

La unidad de España preocupa también a Rodrigo Marrero, un abogado originario de las islas Canarias, que ejerce en Madrid.

En caso de independencia, sería “como mutilarse un miembro”, y además “se daría un mensaje complicado a Europa, podría generar un precedente”.

“Desde que se aprobó la Constitución, en 1978, nunca hemos vivido tanta tensión”, abunda.

La misma tensión tiene exasperado a Jorge García, secretario de la Federación de pesca de Galicia (noroeste).

“El tema de la independencia catalana aburre, hay un deseo de que se termine esta disputa”, asegura. Y sobre todo le irrita el lema ‘España nos roba’, acuñado por los independentistas para quejarse de que Cataluña aporta al Estado más dinero del que recibe.

“No tenemos problemas con el fondo de las reivindicaciones pero sí con la forma. Decir ‘España nos roba’ (…) ¡Yo no robo!”, exclama.

En el País Vasco, en el norte, la situación se vive con más serenidad. La región goza de una autonomía fiscal que muchos catalanes envidian, en virtud de la cual recauda sus impuestos y los invierte casi en su totalidad en su territorio.

Arantxa Beobide, grafista en la ciudad de Hernani, cree que debería permitirse el referéndum aunque, según destaca, las reivindicaciones de los catalanes “sobre todo tienen que ver con el dinero”.

Esther Gisasola, de 75 años y propietaria de una casa rural cerca de Eibar, pronostica que “si consiguen algo los catalanes, todos los demás van a pedir algo”. “A ver lo que pasa a Cataluña, y lo que podemos conseguir”, apostilla.

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