Por Roberto Castelán López

Si habláramos de animales apestosos, seguramente el primero que les llegaría a la mente sería el famoso zorrillo. Dispara una mezcla de sulfuros en forma de chorro a sus agresores que, además de tener un pésimo olor, causa ahogo y ceguera temporal.

A pesar de su mala fama, los zorrillos son animales inteligentes y apacibles, que prefieren no ser molestados. En Jalisco, son comunes tres especies de zorrillos, el que podemos encontrar en está región, es el conocido como zorrillo encapuchado.

Su relación con el hombre no ha sido del todo buena, ya que en los últimos años se ha desarrollado en ambientes antrópicos, causando molestias para los habitantes de pueblos y ciudades. Pese a ello, sus poblaciones a nivel mundial se encuentran muy saludables, por lo que es considerado en la categoría de “preocupación menor” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN).

Lo encontramos por casi toda la República Mexicana en diferentes ambientes y climas. Habita en bosques, praderas, desiertos, riberas y zonas costeras, además de su notable presencia en la civilización. Puede llegar a tener extensiones territoriales de hasta 5 km2 por individuo. Cabe mencionar que son animales sumamente solitarios.

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Su alimentación varía según la región en la que lo encontremos. Generalmente come insectos, pequeños vertebrados y huevos, pero también algunas plantas y frutos.

Es probable que en Lagos de Moreno y sus alrededores, consuma paleras o tunas.

Su tamaño ronda los 20 centímetros de altura, con una longitud aproximada de un metro contando la cola. Tiene un espeso pelaje blanco y negro que puede ser muy variable en el patrón de su coloración. Se identifican tres patrones principales: dorso blanco, dorso negro y completamente negro. Su hocico es alargado, con una cabeza relativamente pequeña color negro, con una característica mancha blanca en la cara.

En estas regiones, la reproducción ocurre durante el invierno, seguida de tres meses de gestación. Nacen aproximadamente cuatro crías. El conocimiento de los cuidados parentales del zorrillo encapuchado es incipiente. Se ha visto que, en algunos casos, las hembras cuidan y acompañan a las crías por un tiempo para ayudarlas a crecer durante los primeros meses de vida.

Su función en el ecosistema es como la de cualquier especie, muy relevante para el equilibrio y la preservación de nuestros ambientes naturales, por lo cual, a pesar de mal oliente, hay que protegerlo.