Por Luz Atilano

Sin duda, uno de los alimentos que puede decirse “casi nunca falta en los hogares mexicanos”, son los nopales. Infinidad de platillos pueden cocinarse con esta noble planta, además de los grandes beneficios que sus vitaminas y nutrientes aportan al ser humano.

Enteros, picados, crudos o cocidos, pueden encontrarse en varios puntos del Mercado Francisco González León o Mercado Grande, donde destaca el local de María del Carmen Rojas, quien cuenta que ha dedicado toda su vida a la preparación de este producto para su venta.

Una de sus tías fue quien inició el negocio desde que fue construido el mercado, hace cerca de 56 años; y aunque ella en realidad tiene poco frente al local, desde pequeña mantuvo cercanía con el mismo:

Señora María del Carmen Rojas

“Prácticamente yo me crie ahí con mi abuelita y mis tíos y pues toda la vida nos hemos dedicado a lo que es esto y pues te puedo decir que la mayor parte de mi vida ha sido lo del nopal… yo en sí les ayudaba en casa a lo que era a ir a veces al campo a traer los nopales, a pelarlos, a hacer lo propio, lo que se debe hacer. Pero ya mi tía se encargaba de venir a venderlos y todo pero pues ella ya falleció y pues ya tampoco podemos ir a lo que es el campo a traer los nopales y pues ya mejor los compramos de huerta y aquí estamos así, vendiéndolos así”.

Su local, ubicado al centro del mercado y cargado hacia el lado de calle Agustín Rivera, abre los 365 días del año y además de ofrecer nopales de calidad, uno de sus fuertes es el nopal que vende ya cocido y preparado. Las personas los buscan desde temprano, pues comparte la señora Carmen, es el primero en agotarse.

“Los cocidos sí son los más (vendidos)… porque dicen que les gustan, que están buenos y como te digo, siempre es nopal del día. En la mañana que vienen los clientes, ya que llego a las 9 o 9 y media que llego el nopal viene hasta vaporizándose, está calientito y en muchas partes no lo venden así, casi no. ya como en los centros comerciales, ya ves que te venden el nopal ya bien frío y dice uno ‘ese no se antoja’… Y aquí no, vienen y lo consumen calientito… muchos de los que vienen a la birria, vienen y compran sus nopales, para echarle a la birria y a la carne asada, vienen y así…”.

Aunque a simple vista no lo parezca, este es un trabajo de mucha dedicación y las manos de la señora Carmen pueden comprobarlo, pues no sólo se trata de la venta, su jornada inicia desde la madruga y no termina al retirarse del mercado, pues luego de eso debe hacer los preparativos para el día siguiente.

“Empiezo desde las 5 de la mañana, que es empezar a ponerme a pelar el nopal que se vende crudo y que tiene que estar fresco. Termino a las 7, se pone a lavar, pongo a cocer el otro, el que vendo cocido, se cose y en ese lapso de tiempo en que se está cociendo el otro yo aprovecho para lavar el crudo y ponerme a picar la verdura para el cocido. En ese lapso ha y veces que me dan las 9 y ‘córrele, cámbiate y péinate y vámonos al mercado’. Vengo aquí como a las 9, vengo y dejo mis cosas y es ya para ponerme a vender mi producto. Cuando hay buena venta, que Dios me socorre, termino como a las 12, la una… y casi por lo regular a las 2 de la tarde que ya acabo mis nopales… Ya me retiro a las 2, descanso un rato pero ya en la tarde me pongo a pelar el nopal, el que se va a usar para cocer y ya termino… me pongo a hacer mis cosas, ya vengo terminando como a las 10 de la noche, y otra vez ‘vuélvele a empezar a las 5 de la mañana…’”.

El negocio familiar se sostiene, comparte, como en todo, hay temporadas buenas y hay temporadas más bajas, sobre todo cuando el nopal se escasea en el campo y sube su precio. No obstante, sus clientes siguen frecuentes, algunos de años o hijos y nietos de los primeros clientes de su tía, quienes continúan fieles a su producto y por supuesto, agradecen su calidad y el buen trato que siempre reciben:

“Gracia a Dios, te digo, es como la forma en que se ha mantenido, por los clientes que también tenía mi tía y a lo mejor pues su producto y el buen trato que se le da al cliente. La calidad también del producto tiene mucho que ver”.

La señora Carmen parece disfrutar de su trabajo y siempre se le encuentra de buen humor. Dice, mientras se pueda, continuará con el negocio y con la tradición no sólo de la venta de nopales sino del mercado, que lamentablemente ha ido cambiando su concepto con el tiempo y al que muchos ya no acuden, pues consumen en las grandes cadenas comerciales.