Bolero, el oficio del señor Moisés Murguía González, es uno de los más tradicionales; parece transportarnos al siglo pasado y siempre es agradable a la vista pisar una plaza en la que se conservan aún este tipo de costumbres.

Por la parte delantera del Jardín de los Constituyentes, mientras bolea los zapatos de don Lupe, uno de sus clientes frecuentes, de esos que nunca faltan… conversa sobre su gusto por dicha labor y comparte que se trata de algo que desde siempre le llamó la atención. Tras dejar de ser policía, comenzó boleando a la par de otro empleo, pues consideraba que podía no alcanzarle con el dinero. Sin embargo, con el paso del tiempo su gusto y amor por el oficio lo convencieron de que éste fuera el único.

«La mera verdad, como que me hacía tentación este trabajo desde hace ya tiempo. Me gustaba este trabajo y el caso es que le intenté y ahí fui poco a poco… y el caso es que de momento agarré este trabajo pero seguí trabajando en la Central Camionera como vigilante. Yo anteriormente fui policía y me salí y me hizo tentación meterme aquí a bolero, pero de momento tanteaba yo que apoco de la pura boleada no me iba a mantener y conseguí el trabajo allá en la central y atendía los dos. Me venía en la mañana a trabajar aquí hasta como a la una y media y de aquí me pasaba a la central y así duré un tiempo».

El señor Moisés comenta que su rutina comienza desde la 9 o 9:30 de la mañana y termina hasta 8 o 9 de la noche, alrededor de doce horas en las que tiene la oportunidad de platicar con las personas, pues comparte que algo de lo que más disfruta es su interacción con los clientes, la tranquilidad de la plaza y que siempre, siempre, hay trabajo. La costumbre de bolearse los zapatos todavía la conservan los laguenses.

«Y a mí sí me gusta este trabajo y ya le digo, mis intenciones son estas: más bien pasar mi vida aquí ya, pues ya ¿a dónde voy? O sea ya… Y (lo que me gusta) de mi trabajo es que aquí se arriman muchos a platicar, eso es lo que me divierte. Platicamos y a la vez no se me hace largo el día así, conviviendo una parte con los clientes y otra con los amigos que vienen aquí a platicar y ahí me la voy llevando y no se me hace pesado. Se puede decir que este es el trabajo que más me ha gustado, éste».

Como en todo, comparte, hay días que son mejores que otros: días buenos y otros no tanto, pero en sus propias palabras “como quiera siempre sale” y gracias a su trabajo su familia se sostiene económicamente.

El señor Moisés o “Moi”, como le llaman sus conocidos, tiene 60 años de edad y desde hace casi catorce es bolero, oficio que asegura con el mismo gusto de siempre continuará hasta que le sea posible.