Por Luz Atilano

Llega la edad madura y para una gran parte de los adultos mayores significa descanso. Pero, aunque tras toda una vida de trabajo, muchos tienen ahora la oportunidad de vivir de lo generado durante sus años laborales, para otros de ellos significa continuar trabajando.

Ese es el caso del señor Joaquín Delgado, quien a la edad de 65 años, y desde hace dos, se dedica a la venta de los ya conocidos y queridos por alumnos del Centro Universitario de los Lagos y de la Preparatoria Regional, baguetes rellenos.

“(Trabajo en esto) porque ya estoy pensionado y la pensión no alcanza para mantenerse… y pues hay que lograr alguna venta por fuera ya, en apoyo de la economía de la familia. […] Y bendito sea Dios que llega uno a esta edad sano, porque hay muchos que no llegan tan sanos sanos, ya andan en silla de ruedas o enfermos y no… yo todavía estoy muy bien”, comparte.

Este es el primer empleo que el señor Joaquín adquiere luego de pensionarse de una de las empresas instaladas en Lagos de Moreno, y comenta, se ha adaptado perfecto a él y a su nueva vida: un trabajo tranquilo y sin horarios rígidos.

“Porque ya en ninguna empresa nos dan trabajo por la edad, entonces a mí me parece muy bien aquí porque no tengo que estar con patrones o con nadie, sino que únicamente vendiendo y está muy bien. Yo no hago los baguetes, los hacen en la panadería (para la que trabajo), entonces yo nada más soy comisionista, según lso baguetes que venda es lo que gano: si se vende bien, gano bien, si no se vende… pues gano poco. Entonces, hay que estar aquí de ocho a cuatro de la tarde, todos los días aquí con los muchachos de la prepa y los alumnos de la universidad”, añade.

Ante todo, el señor Joaquín antepone el servicio que ofrece a sus clientes, quienes han recibido muy bien dicho alimento; pues comenta, es importante no sólo brindar un trato amable sino además demostrar que lo que se vende se encuentra en buen estado y en un sitio limpio:

“Fue una novedad, de hace un año para acá se empezó a vender… nadie lo ha hecho, y pues están sabrosos, yo los probé y están ricos y no están muy caros. Y es una opción más para los alumnos porque andan buscando siempre lo barato y lo bueno y calidad… aquí traigo mi carrito, que está cerrado herméticamente, no entra polvo, no entra contaminación… y eso es bueno para los alumnos porque estoy en la vía pública, no pago renta… y como sigo vendiendo sé que tenemos éxito, porque están buenos”.

A diario se instala frente a las instalaciones universitarias, con un pequeño carrito con puertas de cristal en el que expone los baguetes que vende calientitos en dos diferentes presentaciones, rellenos de queso y salchicha con chorizo o peperoni.