Por Luz Atilano

Enfrentándose a las inclemencias del sol del mediodía, el señor Gregorio Hernández Verdín acude diario al estacionamiento adaptado desde hace algún tiempo en el lecho del río, para ganarse el pan de cada día. Hace cerca de tres años adquirió el oficio de cuida-carros, que cuenta, ha sido hasta ahora su única opción de empleo, pues a sus 58 años no es tan fácil conseguir un trabajo estable.

Después de vivir doce años en los Estados Unidos, donde trabajaba como empleado de la construcción, decidió volver a su natal Lagos de Moreno. Sin embargo, al llegar, económicamente éste le mostró una realidad muy dura:

«No pues sí es mucha la diferencia porque pues yo cuando llegué aquí, la verdad no me podía imponer. Yo tenía doce años sin venir a México y me vine y no… ya me andaba de primero. Ya me andaba para imponerme aquí… ahorita pues ya se va resignando uno pero muy muy bien, pues no…».

Impuesto a trabajar desde siempre, el señor Gregorio describe su empleo como algo sencillo. Aunque siempre depende del clima o de la temporada para tener un día de buenas o medianas ganancias, comparte que se trata de una labor que no requiere de mayores esfuerzos más allá de mantenerse alerta y de, a fin de evitar daños o robos, vigilar que los vehículos que entran al estacionamiento se mantengan seguros. De ahí en más, todo consiste en ofrecer un buen trato a los usuarios.

«Pues más que nada en tratar bien uno a la gente y luego pues la gente ya le da a uno ahí algo, ¿verdad? Pero por decir un sueldo fijo, así, no lo tiene uno. Ahora… como cuando llueve, o dura una semana lloviendo pues ¿qué hace uno? Ahí viene uno a sacar cualquier cosita porque pues también cuando por el río baja agua también nos pasa lo mismo, entonces lógico que nomás la gente que se viene aquí arriba, es la única que pues ahí nos dan algo, cinco o diez pesos… o nada pero ahí… No… está muy duro», comparte.

Su jornada inicia a las ocho treinta de la mañana y culmina entre tres y media y cuatro de la tarde. Don Gregorio inicia lavando carros en el malecón, pero desde que entra el primer vehículo al lecho del río su tarea principal es, como él lo dice, “echarles un ojo a los coches”.

Cuando el día es bueno, gana alrededor de 150 pesos y cuando el día no le favorece se va a casa con 50 pesos o menos. En su entrar y salir al estacionamiento, los usuarios del estacionamiento agradecen su servicio y en su mayoría extienden su mano con algunas monedas para el cuida-carros, quien también comenta que dicho agradecimiento se debe sobre todo a su honradez y al cuidado que brinda; pues lamentablemente, sin que la autoridad intervenga para mejora, otras personas que dicen ejercer su oficio, en su mayoría jóvenes, se dedican a cometer conductas indebidas y dan mala imagen a quienes sí hacen bien su trabajo.