Peces inertes y enormes nubes de espuma sobre el agua, mosquitos arremolinados y fétidos olores, son imágenes comunes en dos pueblos afectados por el río Santiago, uno de los más contaminados de América Latina, que según activistas y pobladores es fuente de enfermedades y muerte.

Las aguas del río, que nacen en el inmenso lago de Chapala del estado de Jalisco (oeste) y serpentean 562 km hasta desembocar en el Pacífico, fueron antaño de las más caudalosas del país, con espectaculares cascadas y hermosos parajes enclavados en un profundo cañón.

Pero unas 400 fábricas, instaladas en un corredor industrial paralelo a la ribera del río, han arrojado desechos por cuatro décadas convirtiéndolo en un turbio depósito de 1.090 sustancias tóxicas, metales, químicos y otros contaminantes, documentados por el gubernamental Instituto Mexicano de Tecnología del Agua (IMTA).

A eso se suma la descarga de aguas negras de unos diez municipios de la zona metropolitana de Guadalajara (4,6 millones habitantes), la segunda ciudad de México, que llegan a Juanacatlán y El Salto, dos poblados cuyos habitantes son fuertemente afectados por vivir muy cerca de la ribera del río.

Entre las dos localidades hay un alto acantilado cuya caída de agua revuelve y levanta las partículas contaminantes esparciéndolas por el aire.

En esa cascada, los sulfatos se convierten en una sólida espuma que sube, como en una inmensa lavadora, hasta alcanzar algunas veces el puente que diariamente atraviesan los habitantes.

– Zancudos en la boca –

“Aquí cualquier niño sabe que eso es todo menos agua”, dijo a la AFP Enrique Enciso Rivera, representante de Un salto de vida, una organización nacida en 2006 ante la desesperación de los pobladores.

En El Salto, con unos 20.000 habitantes, la gente acostumbraba salir por las tardes a platicar al portón de sus casas, pero llegó “un momento en que no podíamos platicar de tanto zancudos (mosquitos), se hacían remolinos así en el cielo” y “se le metían a uno por la boca”, dice manoteando sobre su cabeza.

Los pobladores narran que los olores que despide el río llegan a ser insoportables, que los contaminantes provocan dolor de cabeza, mareos y malestar en los ojos.

En 2008 se encendieron las alarmas cuando Miguel Ángel Rocha, de ocho años, cayó accidentalmente a un canal y murió 19 días después por haber ingerido una fuerte dosis de arsénico, recuerda Enciso Rivera.

“De un día para otro nos aparecieron miles de pescados flotando hace dos años”, dice a unos metros del río, en su oficina, Refugio Velázquez Ballina, alcalde de Juanacatlán, quien asegura que “se han dado muchos casos de cáncer, de deficiencia renal y problemas de la piel”.

En un puesto de tacos de su propiedad, Carlos Olguín recuerda con tristeza a su hija fallecida hace cuatro años. 

Poco antes de que la joven de 28 años muriera, el médico de un hospital público que la desahució le dijo al padre que tenían “bastantes casos de que en El Salto, la gente estaba agarrando cáncer”, cuenta el hombre de 54 años.

Aunque los pobladores ya no se bañan o pescan en el río, el riesgo sigue latente porque los mantos freáticos se han contaminado y el agua con la que cocinan y se bañan es extraída de pozos en sus casas.

– Residuos neurotóxicos –

Familiares de víctimas, organizaciones civiles y autoridades municipales aseguran que la secretaría de Salud estatal oculta los efectos de la contaminación.

Un vocero de la secretaría dijo a la AFP que no cuentan con evidencias de la relación entre la contaminación del agua y las enfermedades en esas localidades.

Pero el portavoz señaló que la dependencia investiga para determinar daños a la salud.

En 2013, el gobierno inauguró en El Salto una millonaria planta tratadora en el río, pero sólo limpia parte de los fosfatos (detergentes) y nitratos (desechos de aguas negras), asegura de su lado Sinaí Guevara, responsable de tóxicos de la oficina de Greenpeace México.

Entre 2012 y 2013, la ONG realizó un estudio en la cuenca del río.

“Se encontraron residuos de toluenos, que es un neurotóxico. También hay disruptores hormonales como fenoles”, explicó la experta de Greenpeace.

Las industrias que más descargan metales pesados y cianuro al río son las químicas, cervecerías, de alimentos procesados y electrónicas, precisó Greenpeace.

El 70% de los ríos en México tienen algún grado de polución, el Santiago está entre los tres más contaminados del país y sólo detrás de otros en Chile y Brasil a nivel latinoamericano, según Greenpeace.

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