Desde el malecón es visible la nata verde que flota y burbujea en la Laguna de Cajititlán entre peces muertos. A las orillas llegan oleadas de pestilencia, originada por las aguas residuales tratadas y no tratadas que recibe diariamente de asentamientos urbanos y que también son producto de actividades agropecuarias, según el diagnóstico de  la Comisión de la Cuenca de la Laguna de Cajititlán y el Río de los Sabinos.

De acuerdo a los resultados del estudio presentado por el rector de la Universidad Politécnica de la Zona Metropolitana de Guadalajara, Javier Solórzano, es necesario que se declare este vaso de agua Zona de Restauración Ecológica y trabajar para que en dos años se convierta en sitio Ramsar.

El académico expuso que el 30 por ciento de las aguas residuales que son arrojadas a esta laguna no son tratadas, pero que se desconoce la calidad del 70 por ciento restante  que sí pasa por una planta de tratamiento.

La Comisión de la Cuenca de la Laguna de Cajititlán y el Río de los Sabinos sesionó por primera vez,  a menos de un mes de la muerte masiva de peces.

El académico Javier Solorzano asumió su presidencia para trabajar en el estudio que justifique la declaratoria de Zona de Restauración Ecológica.

Entre los asistentes a la primera sesión de la Comisión había pocos habitantes de la cuenca de Cajititlán,  quienes a través de José Placeres pidieron ser involucrados en las acciones de restauración.

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