Muchas personas en el mundo  aseguran odiar los lunes, para muestra bastan las redes sociales. Quienes pasaron este lunes por Zapopan, seguramente reafirmaron la idea.

Llegar desde cualquier punto de la ciudad representó, para algunos, desde 30 hasta 45 minutos, solo para cruzar por la cabecera municipal, donde antorchistas realizaban una manifestación que provocó el cierre de avenida Hidalgo y las calles colindantes al palacio municipal. 

Desde la Basílica, hasta la clínica del IMSS, el paso únicamente fue abierto para elementos de la policía y algunos prestadores de servicios del Ayuntamiento. Incluso, hubo trabajadores de la presidencia que salieron del recinto para comer y al regresar les fue negado el paso sin importar su lugar de trabajo.

Los policías que resguardaban las cercanías repitieron hasta el cansancio a quienes preguntaban las calles por donde debían rodear, que el cierre era debido a los manifestantes, y alguno, ya en confianza, aseguró que ya se estaba preparando la seguridad para el tercer informe de actividades del alcalde Héctor Robles Peiro.

Quienes tenían algo qué hacer en la presidencia tenían que comunicarse con la comandante de policía para que les fuera abierto el paso, cosa que a veces no sucedía. Trabajadoras de tiendas de ropa y algunos comercios prefirieron sentarse a las afueras de sus locales, resignadas a que ante el nulo paso de los visitantes, las ventas de ese día no se verían reflejadas en las cajas registradoras.

Salir de Zapopan, fue igual o más conflictivo que entrar. El señor Julio, trabaja en un hospital privado situado en la avenida Hidalgo y Enrique Díaz de León, para llegar a su destino tuvo qué preguntar por dónde pasaba la ruta 634. Un agente de Vialidad se aventuró a decir que en el cruce de Laureles e Industria. Al llegar a este punto y volver a preguntar, otro agente le recomendó regresar hasta la clínica del ISSSTE ubicada a siete cuadras de ese punto, aunque, para no caminar, le sugirió abordar una de las camionetas adecuadas por la Policía Vial para brindar el servicio de transporte a los centros de salud. Don Julio, igual que otros 14 usuarios abordó el transporte liderado por dos mujeres de la Policía Vial, que en los asientos delanteros se quejaban de los manifestantes, que ellas suponían eran detractores de la Línea 3.

Diez minutos después, la camioneta dejaría a Don Julio en la puerta de la clínica, donde un hombre en un stand de información, le aseguró sin la más mínima duda, que la ruta 634 hacia el sur, pasaba por esa esquina. El camión nunca pasó. Otro agente de vialidad sugirió que ante el tráfico, los camiones podrían estar cortando camino, por lo que le pidió que caminara dos cuadras hacia el oeste. Fueron dos, cuatro, seis cuadras, hasta encontrar a otro agente que con mucha seguridad le dijo que sí, que la 634 acababa de pasar por esa calle. Fue cuando Don Julio, se dio cuenta que rodeó la cabecera municipal hasta llegar de nueva cuenta a espaldas de la Basílica de Zapopan.

Una hora con 20 minutos después de haber llegado por primera vez a una parada de camión, Don Julio pudo abordar la 634 y llegar con casi dos horas de retraso a su trabajo. Así como el señor Julio, miles de personas se vieron afectadas por los cierres viales, que entre pláticas con quienes se encontraban en las distintas paradas del transporte, en ningún momento pudieron asegurarse si el cierre se trataba por las obras de la Línea 3, por los manifestantes o por el informe de actividades de Héctor Robles Peiro.

Café chejov cuadro

Deja un Comentario

Please enter your comment!
Please enter your name here