Andrea  Murcia  Monsiváis rompió el silencio  tras ocho meses de trabajar en la pastelería El Danés, en el área de administración y facturación.  La becaria de periodismo denunció a través de Facebook bajo el nombre de Usagii Ko que fue víctima de “mobbing” como se conoce al acoso laboral. 

El grito desesperado de la joven animó a cuatro de sus compañeras  a seguir su camino y poner un alto a sus patrones: Marcela Galván, Jesús Briseño e hijo del mismo nombre.

Estos casos no son los únicos. En cuatro años, el Centro de Reflexión y Acción Laboral (Cereal) ha recibido una decena quejas en contra de este establecimiento, advirtió su coordinador de Comunicación, Jorge Barajas.

Andrea Murcia relató que fue empleada de la pastelería  sin tener  seguro social, sin recibir el pago de prestaciones,  horas extras y del séptimo día. Tampoco le entregaban su sueldo puntualmente y sólo descansaba dos días al mes.

Señaló que lo peor  que vivió fue el maltrato del que fue objeto, ser discriminada por tener tatuajes, ser tachada de “mugrosa” y que se cuestionara su inteligencia.

En ocho meses, la joven fue testigo de la salida de otros  trabajadores que sufrieron el mismo hostigamiento sin que lo denunciaran  y con menos de una cuarta parte de la liquidación que les correspondía.

La joven llegó a la conclusión de que sus derechos laborales eran violados  y que era víctima de mobbing.

Jesús Briseño hijo, calificó las acusaciones de Andrea Murcia como un berrinche.

En Facebook también fue contada  la historia de Yessica, otra “Chica Danés” de 19 años, quien aseguró que la dueña de la pastelería le dijo que  su sueldo no era mayor por “no ser bonita” de acuerdo con sus estándares de belleza.

Los patrones la amenazaron con mandar a golpear a su novio, tras respaldar la denuncia por acoso laboral de Andrea Murcia, pero ella dijo #YoNoMeCallo.

La investigadora del Departamento de Estudios Socio Urbanos, de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Beatriz Adriana Bustos advirtió que el “mobbing” desmorona psicológicamente y emocionalmente a una persona.

Explicó que se trata de una serie de agresiones no físicas que desacreditan a las víctimas en su entorno laboral. El complot es orquestado por un jefe, que involucra a subordinados en los recurrentes ataques durante jornadas laborales de al menos ocho horas diarias, en cinco días a la semana.

Los afectados son ignorados, no se les confía ninguna labor o son obligados a hacerse cargo de toda la carga de trabajo.

La académica de la UdeG señaló que la historia de las “Chicas Danés” no es un caso aislado.

Estimó que todos los trabajadores mexicanos alguna vez han sido víctimas de acoso psicológico y que el 80 por ciento de un evento de violencia laboral como discriminación por género, aspecto físico, obesidad, enfermedad y discapacidad  o acoso sexual.

El coordinador de Comunicación del Centro de Reflexión y Acción Laboral, Jorge Barajas señaló que pocos trabajadores se atreven a denunciar y cuando lo hacen son revictimizados.

La investigadora  de la UdeG y el coordinador de Comunicación del Cereal advirtieron que la ley no contempla castigos para el “mobbing” o acoso laboral ni protocolos de atención, a pesar de que son prácticas cotidianas en los centros de trabajo.

Una sanción administrativa o una llamada de atención de las autoridades  pueden ser las mayores  conciencias que enfrente un acosador en Jalisco.

Este panorama no doblega a Andrea Murcia, quien interpuso una denuncia por discriminación y violencia laboral en contra de la Pastelería El Danés, luego de llegar a un acuerdo para finiquitar su relación laboral.

Ella animó a cuatro de sus compañeras a poner un alto: tres llegaron a un acuerdo con sus  expatrones para terminar su relación laboral y una más denunciará acoso laboral.

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