Quince policías murieron y cinco más resultaron heridos en una emboscada de presuntos narcotraficantes en Puerto Vallarta, México que se convirtió en el peor ataque de los últimos años contra las fuerzas de seguridad mexicanas.

Esta fue la jornada más cruenta para las fuerzas de seguridad mexicanas en la presidencia de Enrique Peña Nieto, que comenzó en 2012, y una de las peores que se recuerdan desde el lanzamiento en 2006 de la ofensiva militar contra los cárteles.

En junio de 2010, 12 policías federales fueron asesinados en Michoacán (oeste), vecino de Jalisco, por el cártel La Familia.

Inédita ofensiva del narco 

Para Raúl Benítez Manaut, experto en seguridad, la emboscada fue “un operativo militar muy complejo, nada sencillo de organizar y por eso, ese número tan alto de bajas”.

El cártel de Jalisco Nueva Generación tiene “unidades muy bien preparadas y coordinadas. Están muy bien armados y son muy disciplinados. Probablemente tengan exmilitares organizando las células de sicarios”, señaló a la AFP este académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM, pública).

Este grupo narcotraficante mantiene desde hace semanas enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en Jalisco. En uno de ellos murió el 23 de marzo Heriberto Acevedo, alias ‘El Gringo’, identificado como un cabecilla del cártel.

Una semana después hubo un intento de atentado contra el vehículo del comisionado de seguridad de Jalisco, Francisco Alejandro Solorio, que salió ileso, por el cual hubo 15 detenidos.

El comisionado dijo estar convencido de que la emboscada del lunes fue una reacción del cártel a estas acciones de las autoridades.

“El Ejército, la Marina, la policía han dado golpes muy fuertes al cartel de Jalisco y ellos le están declarando la guerra al gobierno federal, lo que no es común entre organizaciones criminales, que tratan de no golpear a estructuras del gobierno para que su respuesta no sea muy fuerte contra ellos”, considera Benítez Manaut.

Estado prioritario para el gobierno 

Jalisco, una región con costas sobre el océano Pacífico de 7,3 millones de habitantes, fue incluida el año pasado por Peña Nieto en una lista de los cuatro estados prioritarios para su estrategia de seguridad junto a Michoacán, Guerrero (sur) y Tamaulipas (noreste).

Se considera que el narcotráfico de la región está bajo control de Jalisco Nueva Generación, liderado supuestamente por Nemesio Oseguera ‘El Mencho’.

Este grupo se fundó hacia el año 2010 tras la muerte en un operativo militar del capo Ignacio Coronel Villarreal, alias “Nacho Coronel”, quien controlaba la región para el poderoso cártel de Sinaloa.

Entre los episodios violentos más recientes, el pasado 19 de marzo, otra emboscada de hombres armados dejó 11 muertos en Jalisco, cinco de ellos miembros del nuevo cuerpo de Gendarmería.

En septiembre, un diputado federal del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue secuestrado en la autopista que conduce al aeropuerto de Guadalajara y su cadáver fue hallado calcinado en una región vecina. En marzo de 2013 también fue asesinado a balazos el secretario de Turismo de Jalisco.

El gobierno de Peña Nieto ha insistido en que la criminalidad se ha reducido en su mandato respecto al anterior, de Felipe Calderón (2006-2012), quien lanzó la ofensiva militar contra el narcotráfico que derivó en una ola de violencia con más de 100.000 asesinatos y desapariciones desde 2006.

Sin embargo, en el país siguen ocurriendo crímenes impactantes como la desaparición en septiembre de los 43 estudiantes de magisterio de Ayotzinapa (Guerrero) que, según la fiscalía, acabaron siendo asesinados e incinerados por narcotraficantes coludidos con policías.

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