En la colonia Americana  no solo hay diversión, cultura o bonitas casas de la Guadalajara antigua, también hay una fábrica que opera desde la clandestinidad, la cual ya ha generado daños estructurales en una de las casas cuya construcción data de los años 50. Se trata de la finca ubicada en la calle Robles Gil 383, donde a decir del señor Felipe Eldridge Pérez, todos los días y a todas horas hay ruidos, vibraciones y hasta fuego, en un lugar que opera sin licencia y con la omisión de más de tres administraciones municipales.

A decir de Felipe Eldridge, su casa comenzó a deteriorarse con mayor acento desde hace tres años, cuando la propietaria de la finca, Lorena Landa Valencia derribo las viejas bardas de adobe para instalar bardas de ladrillo, y aunque Protección Civil municipal acudió a evaluar la casa de Felipe, en sus reportes no se anotó algún daño, contrario al diagnóstico del Colegio de Ingenieros Civiles del Estado de Jalisco (CICEJ), quienes determinaron daños estructurales en gran parte de la propiedad.

Y aunque Felipe y su esposa se dicen desencantados del actual gobierno municipal encabezado por Ramiro Hernández García, continúan con la exigencia de que se ponga un alto a esta fábrica.

Los daños no solo quedan en la casa, la cual aparece en un libro editado en 1967 como parte de un intercambio cultural entre Nueva York y Guadalajara con fincas históricas, sino que incluso ha afectado la salud y tranquilidad de los vecinos, pues son víctimas de acoso e intimidaciones por parte de los trabajadores de la fábrica instalada justo al lado de su casa. 

Urban beat

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