Berlín, Alemania.

La canciller alemana, Angela Merkel, declarará el jueves en una comisión de investigación parlamentaria que tiene como objetivo arrojar luz sobre el escándalo de espionaje estadounidense de 2013 en él también se habría intervenido su teléfono celular.

“No está bien espiar a los amigos”, declaró la mandataria en un momento en el que la información revelada por el ex analista de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de Estados Unidos, Edward Snowden, indicaba que también ella, la mujer más poderosa del mundo, había sido objetivo del espionaje telefónico de la inteligencia norteamericana.

Pero, ¿qué sabía Merkel por aquel entonces? ¿Era consciente de que la Administración de Barack Obama realizaba escuchas en Alemania? ¿Estaba al tanto de que la inteligencia germana (BND) ayudaba a los norteamericanos a espiar a sus objetivos? 

Eso es lo que tratará de averiguar la comisión de investigación que cita a la dirigente como última testigo con la intención de cerrar un proceso que, en los últimos cuatro años, acumula a sus espaldas más de un centenar de sesiones de interrogatorios.

“La canciller tiene ahora la oportunidad de mostrar carácter, de mostrar credibilidad. Espero que sea un día en el que prime la verdad y la claridad”, señaló el diputado del partido Los Verdes, Hans-Christian Ströbele, uno de los miembros más veteranos de la Cámara, que llegó a entrevistarse con Snowden en Moscú.

Con Merkel como interrogada se tratará de aclarar si los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Reino Unido espiaron datos de Alemania.

A los parlamentarios también les interesa determinar si los servicios secretos alemanes y el Gobierno sabían que Estados Unidos estaba realizando escuchas en el país y en qué medida colaboraron con sus socios extranjeros.

El continuo goteo de informaciones y exclusivas publicadas por la prensa alemana y extranjera apunta en esta dirección. A estas alturas parece más que claro que la NSA suministró a los servicios secretos alemanes selectores como números de teléfono o direcciones IP de ordenadores para que pudiesen espiar a empresas y políticos europeos.

De ser cierto, se podría poner en cuestión la palabra y la credibilidad de Merkel en un año en el que la veterana política debe pasar el examen de las urnas.

No obstante, desde la Cancillería insisten en que la mandataria solo tuvo conocimiento de la existencia de esta lista de selectores en marzo de 2015, por lo que no habría mentido ni exagerado su reacción en los momentos iniciales del escándalo de espionaje masivo.

A pesar del morbo que despierta ver a la canciller sentada como testigo en una comisión de investigación, lo cierto es que su comparecencia en la Cámara se percibe en Alemania como un mero trámite.

A estas alturas el escándalo de espionaje ha perdido mucho fuelle en el país, el máximo responsable de las escuchas, Barack Obama, ya no está al mando y además la oposición parlamentaria nunca consiguió la aprobación requerida para que Snowden compareciese en Berlín como testigo.

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